PAN Tamaulipas: parálisis que allana el futuro

Acción Nacional, como principal fuerza opositora en Tamaulipas, atraviesa una parálisis política evidente. El tiempo corre y el partido permanece inmóvil, sin reacción ni estrategia clara.
Con esa inercia llegará a la renovación de su dirigencia estatal, sea jefe o presidenta, porque ni siquiera el debate de género aparece en la agenda interna panista.
De mantenerse ese escenario, uno de los beneficiados naturales sería César Verástegui, si decide buscar nuevamente la candidatura a la gubernatura en 2028.
Pero ese camino todavía es largo. Todo dependerá de la convocatoria del CEN y de la Comisión Permanente, donde se revelará quiénes realmente aspiran a dirigir al partido.
Lo cierto es que, mientras ese proceso se cocina, el PAN acumula tres años sin capacidad de reacción política, y difícilmente en nueve meses revertirá su debilidad rumbo a 2027 y 2028.
Por ello, desde el Comité Ejecutivo Nacional, incluso con una dirigencia inexperta, los cuadros históricos deben presionar al comité tamaulipeco con una advertencia clara y directa:
Si la parálisis continúa, el partido debe convertirse en Delegación, regresando el control total al CEN como última medida de contención política.
Antes de llegar a ese extremo, el Comité Estatal, el Consejo y la Comisión Permanente deben obligar a los comités municipales a operar, movilizarse y asumir responsabilidades reales.
De lo contrario, las delegaciones serán inevitables. Todos deben reaccionar si se pretende construir un contrapeso político mínimamente competitivo.
Es innegable que la torpeza, ambición y autoritarismo del grupo Cabeza de Vaca fracturaron al PAN, imponiendo candidatos y decisiones sin consenso interno.
Lo más grave fue la decepción de los panistas doctrinarios, marginados por Francisco García Cabeza de Vaca tras incumplir acuerdos y excluirlos del ejercicio del poder.
Hoy, el PAN necesita rescatarlos, devolver espacios a liderazgos con arraigo y trayectoria electoral comprobada, y abrir paso a nuevas figuras con credibilidad social.
Así ocurrió en 2000, 2006 y 2016: combinando experiencia, renovación y pragmatismo, pero sin candidatos autoritarios ni proyectos personalistas.
Antes, los liderazgos locales aceptaban candidatos ajenos a sus grupos si garantizaban votos y competitividad. Esa cultura política se perdió.
La humildad, la autocrítica y el sentido estratégico deben regresar. Gobernar o dirigir como “El Cachorro” no es opción.
Tamaulipas —y el país— necesitan contrapesos reales. No por nostalgia partidista, sino por salud democrática y en particular bajo algunas decisiones que deben tener reacciones firmes de rechazo.
Fiscal Anticorrupción: lealtad, gratitud y poder institucional
Con la cuenta regresiva en el Congreso, el cierre de registros para la Fiscalía Anticorrupción eleva suspicacias y revela que el proceso político será distinto.
El escenario no replica la designación del Fiscal General, no tanto por el método legal, sino por señales políticas, lealtades probadas y decisiones que pesan.
En Tamaulipas, los nombramientos recientes muestran un equilibrio: lealtad al proyecto de Américo Villarreal Anaya, pero con mayor énfasis en imparcialidad institucional y credibilidad pública.
Por eso, no puede ignorarse que quien encabece la Fiscalía Anticorrupción debe tener identificación política clara con el gobernador y compromiso probado con su gobierno.
Más aún, existen perfiles que resistieron presiones y persecuciones del pasado, cuando defender a Américo Villarreal significaba enfrentar al aparato panista completo desde tribunales electorales.
Esa defensa jurídica y política, encabezada por figuras como Tania Contreras y Eduardo Govea, explica la gratitud del gobernador hacia quienes sostuvieron su causa institucional.
Hoy, la designación del Fiscal Anticorrupción no admite ingenuidad: llegarán quienes combinen lealtad, justicia y decisión firme para aplicar la ley sin titubeos ni concesiones.
Pero además, será una persona capaz, con experiencia jurídica y no solo electoral, actualizada, además con oficio político y convencido de que debe ser transparente y abierto a los medios de comunicación sin pasar por alto a la sociedad.



