Columnas - Vanessa Romero Rocha

¡¿Y si sí?!

  • Por: VANESSA ROMERO ROCHA
  • 18 JUNIO 2026
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¡¿Y si sí?!

Algo ha cambiado desde aquella tarde en que México derrotó inútilmente a Arabia Saudita. El improbable día en que ganamos pero perdimos. Terminaba 2022 cuando Messi se llevó a Argentina la Copa de otro mundo. La Copa de un planeta distinto.

No son las constantes de aquel mundo las que inspiran esta predicción. Son las variables –lo que se ha modificado– las que me permiten formular una pregunta que meses antes se hizo Javier Cercas. ¿Y si lo imposible fuera cierto? ¿Si fuera posible escribir un “sí” en donde antes decía “no”?

Sostengo que lo imposible es posible. Que el sí terminará por imponerse al horroroso no. Que México puede seguir avanzando rondas y rondas y lograr lo que nunca antes ha alcanzado. Que esta vez el Mundial no tiene por qué terminar para nosotros en donde siempre termina.

Mi silogismo parte de premisas razonables que comparto sin sentimentalismo ni ánimo de mufa.

Primero está la inevitabilidad del ritmo. Sí, como observó Mark Twain, la historia no se repite pero rima, México no puede estancarse en casa durante la fase de grupos. En los dos Mundiales celebrados en casa, la selección alcanzó los cuartos de final.

La segunda razón es el Azteca. Si México termina primero de grupo, seguirá jugando en casa. De los 86 partidos oficiales que la selección ha disputado ahí, dos ha perdido. Usted me dirá si 97,7% es un acto de fe. Si nada podemos aprenderle a la experiencia lineal del tiempo.

La tercera causa se llama Javier Aguirre. En la tercera ocasión en que el técnico dirige a la selección le será otorgada la posibilidad de vindicarse. Desquitar la eliminación frente a Estados Unidos en 2002. Compensar la derrota frente a Argentina en Sudáfrica. Resarcir cuando en México 86 fue expulsado como jugador contra Alemania. Ajustar la tanda de penales que acabó con nuestro mejor Mundial. Es su turno: su turno de que no sea por su culpa sino por su causa.

La cuarta razón es la juventud de unos muchachos quesque desconocidos. Pienso en Gil Mora. Pienso en Armando González. Pienso en Bryan Gutiérrez. Pienso en el Tala Rangel. Pienso en Mateo Chávez.

Pienso también en un diez años mayor Raúl Jiménez y en lo que el fútbol le debe. En la búsqueda de ese equilibrio descansa la quinta razón.

El sexto argumento es el sorteo. Bolitas mágicas portadoras del azar. México no comparte grupo con lo más complicado del torneo.

La séptima razón es la localía. Jugar en casa reduce la presión y nos entrega tres adicionales ventajas: la altura, el calor y la hinchada. Es Juan Villoro quien sostiene que México podría ser campeón del mundo en el mundial de aficiones.

Termino con la razón ganadora: la resistencia del fútbol a toda lógica.

Dice un buen amigo que las finales no se alcanzan por suerte sino por estadística y preparación. Mi amigo es mejor amigo que pronosticador. La cancha es un territorio ajeno a la razón. Suelo fértil para la coincidencia. Terreno ignorante de lo justo. Un espacio impredecible de eliminación directa. Excusa romántica para una extraordinaria narrativa. Un corchete temporal de ocho partidos.

¿Y si sí?



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