Columnas - Vanessa Romero Rocha

El asedio a México

  • Por: VANESSA ROMERO ROCHA
  • 18 MAYO 2026
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El asedio a México

Un país sometido a presión externa no puede librar, al mismo tiempo, una disputa interna entregando a sus propios cuadros al adversario que lo asedia.

México atraviesa uno de los momentos más sombríos de su relación con Estados Unidos en el último medio siglo.

Lo que comenzó como una presión creciente en materia de seguridad, manufactura, migración y fentanilo, escaló, en cuestión de días, a un terreno más oscuro: acusaciones contra funcionarios mexicanos en activo, alianzas con sectores de la oposición mexicana para realizar operativos ilegales en territorio nacional, amenazas abiertas de intervención, revisión sobre los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos y filtraciones sobre presuntas ejecuciones extrajudiciales vinculadas a la CIA.

El asedio se ha desplegado en términos jurídicos, económicos, diplomáticos y de inteligencia.

Con semejante evidencia, no hay quien pueda desconocer la velocidad de la escalada.

Bajo el argumento de combatir a los cárteles del narcotráfico, Estados Unidos encontró una forma de asediar a México envuelto en una causa que parece legítima. 

Pero quien todavía crea que esto se trata únicamente de drogas, seguridad o fentanilo, no ha estado prestando atención.

De conspiración para importar cocaína y tráfico de armas acusaron a Nicolás Maduro. De vínculos con el narcotráfico a Gustavo Petro. El narcotráfico es para los Estados Unidos un holgado comodín.

Además, la reinterpretación del narcotráfico bajo la óptica del terrorismo le permite a Washington abandonar los parámetros clásicos de colaboración entre Estados soberanos y socios comerciales para avanzar hacia una lógica contraterrorista.

Eso le permite al Ejecutivo estadounidense expandir sus facultades y a sus agencias de inteligencia las autoriza a redoblar.

Es en ese contexto —y no en otro— donde debe leerse la acusación contra Rocha Moya y compañía. 

No porque sean inocentes o culpables —esa discusión es otra— sino porque las solicitudes de detención para fines de extradición no se emitieron en el vacío. 

Es nuestra obligación situarlas aquí. 

Dentro del momento histórico en que suceden.

En este ambiente, negarse a entregar a los políticos requeridos por Estados Unidos deja de ser una defensa partidista para convertirse en una defensa de Estado. 

Un país sometido a presión externa no puede librar, al mismo tiempo, una disputa interna entregando a sus propios cuadros al adversario que lo asedía.

Ambas batallas no pueden librarse al tiempo.

La Presidenta puede cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad —puede y lo ha venido haciendo— pero no puede subordinarse en términos políticos. 

Lo primero se llama coordinación, lo segundo rendición a la presión extranjera.

En los días que vienen —y que amenazan con ir subiendo hacia el negro en la escala de grises— habremos de pensar una y otra vez en el contexto, en el contexto y en el contexto: para que los juicios que emitamos se encuentren inmersos en él.


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