Sheinbaum: un juego que parecía perdido

La relación bilateral de México y Estados Unidos parecía un partido que estábamos destinados a perder. Con el marcador abierto, el país ha vuelto a disputar el control del juego
La tarde del 28 de abril de 2026 el Departamento de Justicia de los Estados Unidos nos lanzó un balón largo que atravesó toda la cancha. Eran solicitudes de detención contra el gobernador de Sinaloa y otros nueve funcionarios por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Arrancó el partido.
El disparo iba al ángulo: México debía elegir entre entregar a políticos en funciones y abrir un precedente extraordinario en la relación bilateral, o resistir y cargar con el costo de ser acusado de cobijar corruptos. Antes de que nuestro país pudiera ordenar su defensa, ya perdía uno a cero.
Durante aciagas semanas, la presidenta Claudia Sheinbaum jugó de arquera. Los ataques llegaban desde Washington y desde la oposición doméstica. Morena retrocedió hasta encerrarse en su propia área vacilando entre salir jugando o liberarse de un balón que ardía.
Salieron jugando. Ahí donde todos apostaban por un despeje desesperado, Sheinbaum conservó el balón. Rechazó el partido que Washington había ideado y lo obligó a rivalizar en otra zona de la cancha.
La estrategia consistió en revelar que aquella competición tenía menos que ver con la corrupción que con driblar nuestra soberanía. La negativa de Sheinbaum de ejecutar las detenciones sin pruebas bastantes, las acusaciones contra el Gobierno de María Eugenia Campos, el nuevo tono de la dirigencia del partido y el discurso pronunciado por la presidenta en el Monumento a la Revolución fueron toques sucesivos de una misma jugada.
Sheinbaum rechazó el papel del equipo acorralado y atacó: no sería un gobierno de la Cuarta Transformación el que aceptara pasar a la historia como entreguista o como una prolongación de un poder extranjero.
Desde entonces, el partido cambió de ritmo. Sheinbaum abandonó los tres palos para disputar el mediocampo. A pocos meses de aquel 0-1 inicial, el Gobierno mexicano no juega únicamente a evitar el siguiente gol. Ha recuperado la posesión del balón y busca abrir espacios para atacar al rival que también lleva el nombre de vecino.
La primera oportunidad para el ataque apareció en la seguridad. Tras las denuncias sobre la operación de agentes de la CIA en Chihuahua, el Gobierno pasó al contragolpe y exigió explicaciones por la participación del FBI en el secuestro del Mayo Zambada. La exhibición de la aeronave utilizada por las autoridades estadounidenses terminó en asistencia para Palacio Nacional. Bastó empujar el balón para reforzar la idea de que la intervención extranjera ha rebasado líneas inaceptables para un Estado que se dice soberano.
El segundo espacio apareció en la defensa de los migrantes. Lejos de protestar desde la banca, el Gobierno federal abrió un frente jurídico mediante denuncias penales y demandas civiles contra ICE y empresas privadas vinculadas con centros de detención por la muerte de diecisiete mexicanos durante redadas o bajo custodia. Una apelación al VAR con la intención de que algún valiente se atreva a revisar la jugada.
La presidenta que hizo de la defensa de los migrantes uno de sus primeros lances ha vuelto a la cancha.
La jugada ha provocado la unidad que sólo despierta la defensa de lo nuestro. Salvo el PRI –es la costumbre la que obliga a seguir mencionándolo– buena parte de la oposición ha respaldado la ofensiva. Los colores partidistas terminan por perderse ante el verde de la tribuna.
El tercer y último espacio se abrió en el terreno comercial. Mientras Trump endurece su posición en torno al T-MEC, México ha decidido no resignarse a defender la desventaja. Lejos de replegarse, el gobierno ha presentado a Washington sus propias exigencias. Peleará frontalmente por la eliminación de los aranceles al acero y al aluminio.
Hace apenas unos meses, la relación bilateral con el opresivo vecino del norte parecía un partido que estábamos destinados a perder. El encuentro –al menos por ahora– ha dejado de jugarse en nuestra área chica.
Con el marcador abierto, México ha vuelto a disputar el control del juego.



