¿Puede ChatGPT ser Sor Juana?

El Centro Minderoo para la Tecnología y la Democracia, de la Universidad de Cambridge, hizo una encuesta reveladora: más del cincuenta por ciento de los novelistas publicados en el Reino Unido creen que su trabajo será completamente reemplazado por la inteligencia artificial.
Más del cincuenta por ciento.
Los novelistas pueden estar equivocados, puede que exageren por el miedo, puede que -como todos los demás- no tengan claro cuáles serán los efectos a largo plazo de la(s) inteligencia(s) artificial(les). Pero la respuesta al miedo en general es la contraria: las personas se aferran a su trabajo y niegan con vehemencia una posible desaparición, aun cuando la realidad los refuta. Nos aferramos tanto a nuestra profesión que algunos humanos acaban reaccionando de forma violenta ante lo inexorable, como los luditas.
Si más de la mitad ya dice hoy que su trabajo desaparecerá, incluso si están equivocados, el dato revela que el cambio que ven los novelistas frente a sí es tan grande que son incapaces de negarlo, de hacerse de la vista gorda.
Y aunque hoy no sepamos si los novelistas son especie en peligro de extinción, sí hay indicadores que desalientan: verbigracia, la mitad de los libros que llegan a las librerías españolas nunca vende un ejemplar (la situación en México, país menos lector, con toda seguridad es peor), y casi el cuarenta por ciento de los novelistas (regreso a Reino Unido) ya recibieron un golpe en el salario como consecuencia de la IA.
La pregunta me quita el sueño, y quise escuchar de primera mano sobre la situación en Latinoamérica, con énfasis en México. En una de mis cátedras de literatura latinoamericana invité a trece autores. Poetas, ensayistas, novelistas y cuentistas. De todo, pues. Con un claro énfasis en México, pero también algunas de Perú y Cuba. No es una muestra representativa, desde luego, pero es un inicio. A todos les pregunté qué pasará, cuál es la relación de la inteligencia artificial con su trabajo. Ninguna respuesta me dejó satisfecho, pero no lo digo como queja, sino como la confirmación de que, en este momento, nadie sabe qué lugar ocuparán las artes en un mundo con IA.
Hubo dos tipos de respuestas, sin embargo, que merecen especial atención. La primera es predecible: muchos esgrimieron una variante de ‘la IA puede a lo mucho acabar con una parte de la literatura, la chafa, pero la verdadera literatura, las verdaderas novelas, los verdaderos poemas, jamás podrá escribirlos chatGPT, porque es fácil detectar lo que hace la IA’. La respuesta no me sorprende, es más, es la más esperable: nadie quiere concebir la idea de que aquello a lo que has dedicado toda la vida (y aquello que le da propósito) se va a acabar. Además, una persona que, digamos, tiene un restaurante, probablemente ve el restaurante solo como su trabajo, es decir, una parte de su vida, pero no toda su vida, así que si el restaurante cierra podría aceptar con mayor facilidad hacer otra cosa, pero los escritores (y los creadores en general) tienden a borrar la distinción entre profesión y vida, así que un ataque al futuro de la escritura es, sin exagerar, un ataque a ellos como personas.
Entonces la respuesta no me sorprende por sí misma, me sorprende después del contexto que les di. Antes de hacer la pregunta les hablé del estudio que cito al inicio de este texto, que da una buena idea de la opinión de ciertos colegas; también les hablé de un estudio (hecho por Kelly Watcham y Etienne Roesch, de la Universidad de Reading, y Alasdair Clarke, de la Universidad de Essex) que muestra que profesores universitarios en el Reino Unido fueron incapaces de distinguir entre un ensayo hecho con IA y uno hecho por un alumno, en el 94 por ciento de los casos (es decir, casi siempre), y no solo eso, con 83 por ciento de probabilidad un ensayo hecho con IA obtiene una calificación más alta que uno hecho por un alumno. Por último, les conté de un poeta que, en confidencia, me mostró cómo un poema recién publicado en una de las revistas literarias más prestigiosas de su país fue creado, completito, por chatGPT.
Al dar ese contexto antes de preguntar qué pasará con la escritura, para mí quedaba claro que el escritor creyendo que puede distinguir entre una novela escrita por IA y una escrita por un humano es igual de cándido que el profesor experimentado que asegura que nadie le verá la cara porque es ‘obvio’ cuando un estudiante no lo hizo.



