Celebro la aparición del tercer tomo sobre la vida de Porfirio Diaz, de Carlos Tello Diaz. El primero apareció en 2015: “Porfirio Díaz: Su vida y su tiempo. La guerra: 1830-1867” (590 pp.). El segundo en 2018: “La Ambición 1867-1884” (623 pp.). El tercero se titula “El poder 1884-1915” (872 pp.) (1) Más de dos mil páginas de historia ampliamente documentada y bien escrita.
Carlos Tello Diaz publicó, entre otros libros, en 2013 una obra sobre el exilio de Don Porfirio en Europa, y “La rebelión de las Cañadas” (también en 2013), una narración precisa y documentada de los antecedentes de la rebelión zapatista.
Porfirio Diaz es un personaje discutido por la forma autoritaria en que ejerció el poder durante treinta años y por haber provocado la Revolución Mexicana de 1910, entre otras razones, al haberse negado a nombrar a un candidato a la Vicepresidencia que garantizara una transición no violenta. Pero su vida fue muy diferente como joven militar liberal y desde su llegada al poder. Es un personaje central de la historia mexicana, desde su joven militancia liberal en Oaxaca, luego con la sangrienta Guerra de los tres años entre Liberales y Conservadores después de la proclamación de las Leyes de Reforma. En esa atapa, Porfirio fue nombrado Jefe Político de Tehuantepec con el grado de Teniente Coronel.
Casi de inmediato, en 1861, se inició la dura lucha contra la invasión francesa y los remanentes de ejército conservador, en la que Porfirio dirigió la guerra contra el Imperio en el sur del país. Estos eventos ocupan más de la mitad del primer tomo de la biografía.
Después de la intervención francesa, Díaz organizó en dos ocasiones distintas un golpe de Estado, en1871 contra Benito Juárez con el Plan de la Noria (que fracasó), y en 1876 contra Sebatián Lerdo de Tejada con el Plan de Tuxtepec (con el que llegó al poder). Después, es bien conocida la forma en que su gobierno reorganizó al país y promovió la industrialización del país apoyado en la inversión extranjera, incluyendo la construcción de 20 mil Kms de Ferrocarriles.
Está enterrado desde 1914 en el Cementerio de Montparnasse en París, y su tumba es visitada por muchos de los mexicanos que visitan la ciudad, quienes a veces dejan ahí cartas y mensajes. (En el mismo panteón está la tumba de los escritores Marcel Proust, Oscar Wilde, también exilado en París, Carlos Fuentes y Julio Cortázar, del filósofo Jean Paul Sartre y la escritora y feminista Simone de Beauvoir.)
Esta obra del doctor en historia Tello Diaz (tataranieto del general Díaz) es indispensable para entender el Siglo XIX y el inicio del XX en México. Resalto aquí algunas de las partes que me parecieron más relevantes del primer tomo.
El padre de Porfirio murió cuando él era niño, y él tuvo que ayudar a sostener su madre y a sus hermanos. Además de aprender oficios como zapatería, carpintería, y curtición de pieles, estudió física, ética, gramática, latín y estudios religiosos, ya que por un tiempo su padrino y protector lo instó a estudiar para sacerdote. También su madre esperaba que siguiera la carrera eclesiástica. Esto no ocurrió porque otras relaciones lo llevaron a formar parte del círculo de liberales de Oaxaca, cuando Benito Juárez era gobernador. Este grupo se reunía en el Instituto de Ciencias y Artes, una escuela pública en la que Juárez fue profesor de derecho de Porfirio, y luego director. Le doblaba la edad. Ahí sería introducido Díaz a la masonería.
En 1861 Diaz fue diputado con el apoyo de Juárez presidente, vestido de civil, sin experiencia ni aptitud para hablar en público, pero su experiencia en la Cámara fue muy útil, porque ahí conoció a los políticos y militares más destacados de la época, con los que se relacionaría durante su larga carrera.
La Guerra de los Tres años (1858-1861) fue una verdadera guerra civil, hoy pocas veces recordada, entre el gobierno de Juárez y los conservadores apoyados por una parte del ejército y por la Iglesia, afectada por las Leyes de Reforma. La Ley de Desamortización de bienes tuvo un profundo impacto sobre estados como Puebla, Oaxaca, Michoacán y Querétaro. Fue el bautizo de fuego de Porfirio, entonces con el grado de capitán, con 27 años.
Durante la intervención y el gobierno de Maximiliano, Porfirio ya era General (desde los treinta años) y participó intensamente en la Batalla del 5 de Mayo y la caída de Puebla en 1863. Luego fue nombrado comandante del Ejército de Oriente que operó en el sur del país mientras el gobierno de Juárez emigró al norte, hasta llegar a la frontera, sin salir del país. La primera etapa en el sur fue muy dura por falta de hombres, armas, municiones, dinero, uniformes. Era imposible que el errante gobierno mexicano lo apoyara con todo eso.
Después de tres meses de combates, Porfirio tuvo que ceder la capital al ejército de Bazaine y luego quedó prisionero de los invasores, junto con todos sus oficiales. Pero escapó y volvió a la brega, con apoyo del General Juan Álvarez, que había luchado en la guerra de independencia con Morelos y Guerrero (en 1854 había encabezado la Revolución de Ayutla con Ignacio Comonfort, que liquidó el nefasto gobierno de Santa Anna).
Tello analiza detalladamente, semana a semana, las andanzas de Porfirio en la larga guerra contra franceses y conservadores, citando las memorias de Díaz y de otros de los militares participantes.
En el camino, va explicando la historia personal de los principales actores, militares y políticos. Es por fortuna que se conserven las cartas de Porfirio. La biografía se vuelve así una novela de aventuras.
Entre toda su correspondencia, destacan las cartas a su amigo Matías Romero, también oaxaqueño, experto en temas internacionales, cercano a Don Benito, que llegó ser ministro plenipotenciario en los EE. UU. presentando sus cartas credenciales al presidente Abraham Lincoln. Fue también Secretario de Hacienda y luego, ya con Porfirio Diaz presidente, embajador en EE. UU.
Fue por iniciativa de Matías Romero que Porfirio Díaz emprendió en 1892 la tarea de preparar sus Memorias, las cuales dictó en presencia de Romero y a las que este último añadió algunos datos y fechas que el viejo general no recordaba. También preparó la Introducción a las mismas. Romero generó, a su vez, una extensa obra literaria.
Encontré un párrafo en el primer Tomo en el que Tello sintetiza las experiencias de Porfirio hasta el fin de la Guerra de Intervención:
“Había vivido cinco años de sufrimientos y esperanzas en la guerra contra la Intervención y el Imperio. En ese tiempo conoció de todo: tragedias jamás vistas como la hecatombe de San Andrés Chalchicomula y explosiones de júbilo desconocidas para él, como la que le produjo la victoria del general Zaragoza frente a Puebla. Padeció esos años la vergüenza del asalto a Taxco, las humillaciones del sitio de Oaxaca por las fuerzas francesas, la prisión en Puebla, las penurias de la guerra de guerrillas en las Mixtecas. Descubrió el amor, tuvo sueños ilusiones y desencantos. Sufrió hambre y sed. Mató y mandó matar y vio morir a amigos muy queridos, en su mayoría jóvenes de talento que tenían sus vidas por delante... Faltaban aún tres meses para la rendición en México, pero sabía que había vencido frente a la adversidad y el odio. (T. I, p. 429)
En 1867, después de tomar Puebla en 1867 con grandes pérdidas de hombres, sin descanso Porfirio se regresó a sitiar a la ciudad de México, donde se había acuartelado Leonardo Márqiuez con destacamentos de franceses, austríacos y húngaros. El cuartel de los republicanos estaba en la Villa de Guadalupe, y la ciudad fue rodeada por el Ejército de Oriente. Mientras, en Querétaro las fuerzas del neolonés Mariano Escobedo, comandante del Ejército del Norte, tomaban prisionero a Maximiliano y todos sus generales, incluyendo a Miguel Miramón y ocho mil prisioneros.
Finalmente, la Ciudad de México fue tomada sin una batalla urbana. Diaz evita los saqueos, licencia a los soldados regulares que habían caído prisioneros, y arresta a los oficiales de mayor rango y al comandante militar de la plaza. Controló la ciudad hasta el regreso del presidente Juárez. Pero se había escapado el Gral Leonardo Márquez, el hombre más buscado por la autoridad de la República, responsable de los crímenes de Tacubaya durante la Guerra de Reforma y de la muerte de Melchor Ocampo y Santos Degollado, Logró llegar a Veracruz y de ahí embarcar a Cuba.
Con interés y curiosidad me tiraré un clavado en el Tercer tomo, que abarca desde la primera reelección del Porfirio en 1884, y su largo gobierno, hasta su caída en 1911 y su exilio en Europa.
Finalmente, recomiendo consultar dos excelentes conferencias del historiador Tello Díaz en You Tube con la referencia de CEHM Fundación Carlos Slim; “El exilio de Díaz” y “P. Díaz, claroscuros de la modernidad”.
(1) La Editorial es Penguin Random House. Reviso sus fuentes: todos los archivos sobre Porfirio, incluyendo los de la U. de Texas en Austin, los del AGN, SEDENA, el valioso archivo de Porfirio en la Ibero, la Biblioteca Nacional de Oaxaca, la SRE, la U. de California en Los Ángeles, incluyendo unas memorias de Diaz publicadas en Oaxaca en 1876, el Diario de Debates del Congreso de la época, informes presidenciales, obras inéditas que incluyen numerosas memorias de personajes, artículos, las Memorias de Diaz en dos tomos publicadas en 1994 y más.



