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¿Por qué aumenta el salario mínimo, pero no nos alcanza para vivir?

¿Por qué aumenta el salario mínimo, pero no nos alcanza para vivir?

Actualizado: 27 de Octubre, 2026, 07:41 AM

La discusión sobre el incremento al salario mínimo para 2027 ya comenzó. Hace unos días, el sector obrero presentó ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social una propuesta para adelantar el calendario de negociación tripartita. Por su parte, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) planteó que el aumento debería limitarse a la inflación más dos puntos porcentuales, ante las preocupaciones por los niveles de crecimiento económico y su impacto en los mercados laborales.

Aunque el porcentaje definitivo será publicado por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) a inicios del próximo año, la discusión permite anticipar diferentes importantes. Un incremento de 5.0% -como lo propone COPARMEX- llevaría el salario mínimo general de 315 a aproximadamente 331 pesos diarios, mientras que uno de 13.0% -como lo estima la firma Marsh- lo elevaría a 356 pesos. La diferencia sería cercana a 760 pesos mensuales para una persona trabajadora que percibe exactamente el salario mínimo.

La discusión adquiere mayor relevancia si consideramos que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), durante el segundo trimestre de 2026 aproximadamente 46.7 millones de personas ocupadas reportaron ingresos de hasta dos salarios mínimos, equivalentes al 77.7% de la población ocupada. Si bien no todas estas personas reciben directamente el salario mínimo legal, las cifras reflejan la concentración de la población trabajadora en los niveles más bajos de ingreso.

Desde 2018, en México se ha impulsado una política de recuperación salarial que debe reconocerse. Para 2026, el salario mínimo general alcanzó los 315.04 pesos diarios, acumulando una recuperación de aproximadamente 154% en términos reales respecto al cierre de 2018. Esto significa que el salario mínimo no solo ha aumentado, sino que también ha recuperado poder adquisitivo, permitiendo a quienes lo perciben comprar más bienes y servicios que en años anteriores.

Sin embargo, esta recuperación plantea una pregunta aún más relevante para la vida de las personas: ¿por qué, si el salario mínimo ha aumentado tanto, el dinero continúa sin alcanzarnos para cubrir nuestras necesidades?

Una primera explicación se encuentra en la manera en que se determina cuánto debe ganar una persona para cubrir sus necesidades. En México, el salario mínimo es establecido por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), mediante una negociación entre representantes del gobierno, las empresas y las personas trabajadoras. Para definir su incremento se consideran factores como la inflación, el empleo, las condiciones económicas y la recuperación del poder adquisitivo. Además, en los últimos años se ha incorporado el Monto Independiente de Recuperación (MIR), un mecanismo que permite aumentar el salario mínimo más allá del ajuste porcentual.

Actualmente, uno de los objetivos de la política salarial es que el salario mínimo permita adquirir el equivalente a 2.5 canastas básicas alimentarias y no alimentarias hacia 2030. Sin embargo, aunque estas canastas incorporan bienes y servicios indispensables, surge una cuestión de fondo: ¿hasta qué punto los indicadores con los que medimos la suficiencia del ingreso reflejan las necesidades efectivas de los hogares?

A ello se suma otro problema, de manera creciente, hemos observado cómo las insuficiencias de los servicios públicos pueden obligar a los hogares a destinar una parte creciente de sus ingresos a contratar servicios privados. Cuando una familia debe pagar en medicamentos, educación, transporte o servicios de cuidado que no encuentra disponibles o accesibles mediante la infraestructura pública, el ingreso adicional no necesariamente se convierte en mayor bienestar, sino en una forma de compensar esas carencias. Por otra parte, ganar más también puede significar gastar más. No necesariamente porque las personas consuman de manera irresponsable, sino porque un mayor ingreso permite atender necesidades que anteriormente habían sido postergadas.

Por eso, la recuperación del salario mínimo y la percepción de insuficiencia económica no son necesariamente contradictorias. El salario puede haber ganado poder adquisitivo frente a una canasta de referencia y, al mismo tiempo, resultar insuficiente para cubrir las necesidades de los integrantes de un hogar.

Las negociaciones para 2027 deberían considerar esta complejidad. Porque la discusión sobre el salario mínimo no debería limitarse a sus efectos sobre el empleo, la productividad o los costos empresariales. En el fondo, definir el salario mínimo también implica discutir qué condiciones de vida consideramos dignas y cuánto ingreso necesita una persona para alcanzarlas. No se trata únicamente de cuánto pueden pagar las empresas, sino de cuánto necesitan las personas para vivir y, sobre todo, para vivir mejor.