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¿Por fin nos vamos a deshacer de la machosfera?

¿Por fin nos vamos a deshacer de la machosfera?

Actualizado: 05 de Octubre, 2026, 07:33 AM

Después del lamentable ataque cometido por dos adolescentes en una secundaria de Torreón, la presidenta anunció que se tomarían medidas frente a contenidos digitales que reproducen discursos de odio y misoginia. El problema es que esos creadores de contenido, por más polémicos, misóginos, mentirosos y violentos que pueda resultar su contenido apenas son la punta del iceberg.

Y prohibirlo no va a resolver el problema, porque la misoginia no surgió en redes sociales. Tampoco empezó con los llamados "gurús de la masculinidad". Es una estructura que atraviesa nuestra sociedad y que aprendemos desde edades muy tempranas.

Hace más de quince años, en la sentencia del caso González y otras ("Campo Algodonero") vs. México, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya advertía que la violencia contra las mujeres en México se encontraba vinculada con un contexto de discriminación y que la respuesta ineficaz del Estado frente a esa violencia podía generar un ambiente de impunidad que favoreciera su repetición y enviara un mensaje de tolerancia social frente a ella.

El riesgo de reducir el problema a determinados creadores de contenido es que terminemos construyendo una explicación demasiado sencilla para un fenómeno profundamente complejo: adolescentes que consumen discursos misóginos porque existen hombres que los producen.

Estos creadores de contenido subsisten, en buena medida, porque existe un mercado para la revictimización, el resentimiento y la confrontación entre hombres y mujeres. Han encontrado una forma de convertir las frustraciones de miles de jóvenes en contenido rentable, ya que les ofrecen respuestas simples para problemas complejos, un enemigo al cual responsabilizar y una comunidad en la cual sentirse reconocidos.

Y esto no sucede en el vacío. En México hemos dejado bastante solos a nuestros niños, adolescentes y hombres jóvenes, los seguimos educando bajo una división sexual del trabajo que les enseña que deben ser proveedores, fuertes, exitosos, competitivos y emocionalmente invulnerables. A muchos niños todavía se les enseña que llorar es una debilidad, que pedir ayuda es cosa de mujeres y que hablar de sus emociones es una amenaza a su masculinidad.

Nuestros adolescentes crecen en un país atravesado por la violencia y por una crisis de seguridad en la que el crimen organizado tiene una capacidad brutal para reclutar a hombres cada vez más jóvenes. Mientras discutimos qué influencer debe ser cancelado, hay adolescentes a quienes el Estado no está ofreciendo alternativas reales para construir un proyecto de vida.

Por eso resulta preocupante que la respuesta institucional termine reducida a prohibir contenidos. Podemos convertir a un creador en el villano del momento y, paradójicamente, hacer todavía más atractivo su contenido para adolescentes que buscan justamente aquello que los adultos les dicen que no deben mirar.

La censura, además, puede alimentar el morbo y convertir a estos personajes en una suerte de contenido prohibido que circula por otras plataformas, grupos privados o cuentas alternativas. Pero hay algo todavía más preocupante: esta respuesta corre el riesgo de construir una falsa dicotomía entre hombres y mujeres.

Como si combatir la misoginia significa estar en contra de los hombres. La violencia contra las mujeres continúa siendo una realidad que el Estado tiene la obligación de prevenir, investigar y sancionar. Pero precisamente por eso necesitamos hablar también de cómo estamos educando a los hombres que crecerán en esta sociedad.

Necesitamos políticas públicas. Políticas que no se limiten a entregar becas, aunque estas sean importantes. Necesitamos programas comunitarios que trabajen con adolescentes de manera permanente; espacios seguros para hablar de salud mental, violencia, sexualidad y relaciones afectivas; formación para docentes; acompañamiento para madres, padres y cuidadores; programas deportivos, culturales y educativos; estrategias de prevención de violencia y, particularmente, herramientas para que los jóvenes puedan construir una identidad que no dependa de dominar o despreciar a las mujeres.

También necesitamos acompañar a quienes están frente a ellos todos los días. Porque mientras discutimos sobre los influencers, hay maestras y maestros intentando contener una problemática para la cual muchas veces no tienen herramientas suficientes.

Este mismo año en Michoacán, otro adolescente asesinó a dos maestras. Hoy nuevamente hablamos de violencia cometida por adolescentes dentro de espacios educativos.

Estos creadores de contenido no inventaron la misoginia, la misoginia existía mucho antes de internet y seguirá existiendo después de que desaparezca la última cuenta que lleve ese discurso.

Necesitamos dejar de preguntarnos únicamente qué están consumiendo nuestros adolescentes y empezar a preguntarnos qué les estamos ofreciendo como país.