David es mujer. Por lo menos, Liz Oyer, "Former Pardon Attorney" en el Departamento de Justicia norteamericano, se enfrenta con valentía a más de un Goliat dentro y fuera del propio Departamento, del cual fue despedida por el actual inquilino de Avenida Pensilvania 1600 en Washington, D. C.
Me temo lo siguiente: las sociedades se configuran más y más como un conjunto de Goliats frente a frente, cada uno ansioso de imponer su ley. Mientras tanto, esperemos que la Organización de las Naciones Unidas coloque en la Secretaría General a una personalidad mucho más activa e influyente que el actual ocupante de una silla con presencia planetaria, pese a todo.
He procurado hacerme mis propios modelos y esquemas a partir de la lectura de libros como "World Orde", que me obsequió un amigo muy inteligente, y de la escucha de conversaciones y emisiones radiofónicas. Y busco la manera de representarme qué es lo que está pasando aquí y allá. "Representarme" quiere decir construir argumentos e imágenes tan didácticas y claras como sea posible. Y la imagen de muchos Goliats contra unos cuantos David quiere imponérseme como un esquema viable, susceptible eso sí, como todos los esquemas, de llenarse con ejemplos y casos concretos.
México cuenta con más de una David, con más de un David. Y cada cartel del crimen organizadísimo es un Goliat que buscará expandir su influencia, pues este tipo de Goliat se comporta como una empresa transnacional, apátrida, sujeta a sus propios intereses, y la estrategia de eliminar a los otros Goliats del crimen organizadísimo para quedarse con uno solo es fallida desde todos los puntos de vista, pues una empresa exitosa (Adam Smith dixit) engendra competencia, aunque no lo quiera, y siempre busca expandirse, así que tarde o temprano entrará en colisión o al menos en competición con otras empresas, algunas generadas por el propio éxito de ella.
¿Y a quiénes tenemos en los gobiernos para que nos protejan frente al creciente sobrepeso de los Goliats en la economía, en la sociedad, en la política?
El Vaticano ha sabido crearse su modelo a la vez electivo y restringido para seleccionar al líder. Y me asombra la inteligencia de los pontífices (seguramente no siempre ha sido así): el actual, Robert Prevost, es matemático, multilingüe, teólogo y pastor con muchos años en sitios a los que miles de colegas suyos no hubieran querido ir. Además, es un ser firme y sereno, frugal y desde luego intachable, lo que lo blinda frente a los miles de chantajistas en turno (servidores de Goliats o Goliats ellos mismos).
Y Prevost nos recuerda que la inteligencia tiene distintas facetas: racional, emocional, política… Sin duda, un cónclave plural para conducir una estructura con medio millón de sacerdotes y más de mil millones de fieles es un esquema que está funcionando, y nadie piensa en cambiarlo, ni siquiera en cuestionarlo.
¿Cómo estamos eligiendo en México a nuestros potenciales David frente a tanto Goliat suelto? Hoy todos los partidos y movimientos están precisamente partidos y movidos por aquello que René Girard analizó en William Shakespeare. El fuego de la envidia: el pensador francés creó el concepto de deseo mimético; se refiere al artificial deseo de poseer algo solamente porque alguien más lo codicia, aparte por supuesto de que en política ese algo ofrece prebendas sumamente atractivas (la codicia no es gratuita).
Calculo que alrededor de veinte mil próceres (por citar una cifra; quizá son nada más diez mil) están dispuestos a sacrificarse por ocupar –a cualquier costo– uno de los tres mil cargos (nuevamente cito una cifra aproximada) que estarán en juego el próximo verano en nuestro país.
Gobernar, legislar y juzgar requieren de una finísima conjunción de inteligencias en una sola persona. No creo que las encuestas sean un instrumento fiable para una selección que en el caso de un partido hegemónico (si los hubiera) y un régimen monopolizador (si lo hubiera) equivaldría a una elección. Las encuestas son parciales, inequitativas y… ¿para qué añado un tercer adjetivo?
Son parciales porque en el mejor de los casos son representativas, y si ya de por sí quienes gobiernan son representantes, las encuestas son representaciones para las representaciones, y la representatividad está en crisis, como lo expuse en "Problemas de la representación y la representatividad" (México: Siglo XXI, 2019) y como lo saben especialistas del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, entre otros. Y son inequitativas porque hoy en México se necesitan mucho dinero y muchos contactos para ser popular, y no todo el dinero ni todos los contactos son incuestionables. De hecho, hoy cualquiera puede comprarse su ícono y su iconicidad: florece la industria de la imagen.
Puse en inglés el antiguo cargo de Liz Oyer porque no sé exactamente cómo podría verterse al español para que la traducción nos acercara a una tarea equivalente en México. Sea como fuere, ella es una mujer con una inteligencia audaz, y en nuestro país tenemos también inteligencia, ingenio, valentía. Confío en que entre los veinte mil o diez mil "suspirantes" (esta palabra es de Daniel Cosío Villegas) habrá mucha gente con la combinación de inteligencias que el país necesita hoy más que nunca.
Allá afuera acechan los muchos Goliats.
Por lo pronto, un conocidísimo comentarista y conductor creó una "Mesa de los jóvenes" para que debatan y, si les es posible, dialoguen representantes de las nuevas generaciones entre los partidos y los movimientos. Muy buena idea. Ahora bien, por lo poquísimo que alcancé a escuchar, los noveles aspirantes a próceres se peleaban por asuntos de coyuntura tal y como lo hacen sus "hermanos" mayores. Espero que las nuevas generaciones de la política mexicana se dejen de discusiones sobre si tal o cual legislador estuvo o no estuvo en tal o cual votación y se aboquen a los asuntos que de verdad importan. ¿Quién pone la agenda? He allí una pregunta clave. Y hoy nos asedian banalidades, coyunturas inanes y distracciones a propósito. Si las nuevas camadas políticas ponen una agenda con temas decisivos, el país de Juan Rulfo y Rosario Castellanos, de Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros, de Jesús Reyes Heroles y Nellie Campobello, de Octavio Paz y Elena Garro lo agradecerá.
Allá afuera acechan los muchos Goliats.



