Columnas - Yásnaya Elena A. Gil

No solo es Trump, no solo es la ultraderecha

  • Por: YÁSNAYA ELENA A. GIL
  • 26 ENERO 2026
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No solo es Trump, no solo es la ultraderecha

Podríamos asumir que todo lo que ha acontecido en las últimas semanas en el contexto internacional ha sido provocado por un Donald Trump desbordado, una persona con un nivel de narcisismo pocas veces conocido en la historia de los presidentes de Estados Unidos; podríamos asumir que se trata de cómo la ultraderecha de ese país se aleja de todo eufemismo y pasea su rostro fascista para amedrentar y chantajear al mundo.

El asalto a Venezuela tuvo un desenlace inesperado para quienes pensaban que Edmundo González iba a asumir como presidente de la mano de María Corina Machado quien sigue infligiéndose cada vez mayores dosis de auto-humillación sin lograr sus propósitos; ni regalando su medalla de Nobel de la Paz a Trump ni manifestando su apoyo a Netanyahu ha materializado sus deseos. Después, vino con mayor fuerza la amenaza a Groenlandia que sigue latente a pesar de que Trump haya cancelado los aranceles que intentó aplicar a países que se oponían a sus planes.

En su propia casa, las protestas y huelgas en Minneapolis toman cada vez mayor fuerza después del asesinato de Renée Good el pasado 7 de enero a manos del ICE y de la brutalidad, el racismo y el terror con los que se persigue a los inmigrantes.

En Estados Unidos y otras partes del mundo, especialistas en el tema han expresado la fuerte sospecha de que Donald Trump padece de algún tipo de demencia. Pero, a estas alturas, necesitamos trascender la indignación que nos causan sus declaraciones todos los días; sabemos que no es solo Trump, sabemos que si él se va a causa de su deteriorada salud mental, el andamiaje que lo apuntaló seguirá intacto con personajes como JD Vance o Marco Rubio o más aún, su fuerza vivirá en las bases populares que votaron por él, en ese “espíritu de la época” estadounidense que hizo posible, y aún sostiene, un movimiento como MAGA.

Del lado europeo, las ultraderechas también están tomando fuerza de nuevo o más bien, solo es que ahora se alzan orgullosas en donde antes la opinión pública castigaba sus manifestaciones. En otras partes del mundo, la ultraderecha nunca se fue, la ocupación de Palestina es una prueba de ello, el genocidio actual en Gaza es una de las consecuencias del mundo construido después de la Segunda Guerra Mundial. Hay personas que lamentan el declive de la ONU, pero hay que recordar que este y otros organismos multilaterales se gestaron al mismo tiempo en el que se estaban gestando todas las condiciones y violencias que han posibilitado un genocidio que ahora toma la forma del plan inmobiliario que Trump y Netanyahu preparan para Gaza.

Me parece importante trascender la idea de que esto solo se trata de Trump y de la emergencia de la ultraderecha en el mundo occidental; verlo así nos lleva a pensar que lo que debemos hacer es volver al viejo orden que tan bien funcionaba, regresar a los tiempos dorados de las democracias liberales que permitían hacer negocios bajo la sólida protección de organismos multilaterales al mismo tiempo que crecía el producto interno bruto de los estados, regresar a ese pasado en el que países de primer mundo podían financiar acciones altruistas para ayudar al tercero a desarrollarse bajo un mismo modelo de crecimiento económico. Bajo esta mirada, el problema es este presente que nos asusta y la solución está en volver al orden anterior.

Si cambiamos un poco la perspectiva, podemos leer ese pasado no como un paraíso al cual volver sino como la condición necesaria para gestar esto que está sucediendo en la actualidad; en ese pasado se apostó a un sistema económico como el capitalista, a un sistema de crecimiento económico que tarde o temprano iba a devastar al planeta por más democrático que nos lo pintaran. 


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