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México necesita reinventarse para una sociedad que envejece rápido

México necesita reinventarse para  una sociedad que envejece rápido

Actualizado: 01 de Noviembre, 2026, 10:08 AM

México está envejeciendo con reglas pensadas para un país joven. Durante décadas nos preocupó que nacieran demasiados niños; hoy debemos prepararnos para una sociedad con una proporción cada vez menor de jóvenes y más adultos mayores. Si no cambiamos las pensiones, el empleo, la salud y hasta nuestras calles, vivir más años podría convertirse en un problema económico, en vez de ser una buena noticia.

De este cambio platiqué con Manuel Ordorica, demógrafo de El Colegio de México, en mi podcast En Blanco y Negro. Puedes escuchar la conversación completa aquí youtube.com/watch?v=3Yn6h3PPlFc. Sus datos muestran cuánto ha cambiado México y por qué necesitamos actuar desde ahora.

En 1950 éramos casi 26 millones de mexicanos y en 1970 superamos los 48 millones, nos duplicamos en sólo 20 años. Entonces, las mujeres tenían alrededor de siete hijos en promedio y se temía que llegáramos a 150 millones de habitantes en el año 2000, pero únicamente alcanzamos los 98 millones, 50 millones de mexicanos dejaron de nacer.

En los primeros tres años del presidente Luis Echeverria la consigna era gobernar es poblar, en parte porque teníamos una obsesión de poblar por la vez que perdimos territorio al norte de México por no haberlo poblado, estábamos preocupados por la península de Baja California. No obstante, los demógrafos le hicieron ver al presidente que la realidad había cambiado, que estábamos creciendo a tasas peligrosas, ese crecimiento requeriría de infraestructura y servicios públicos que el país no tenía.

Fue entonces que se decidió dar un giro en la segunda mitad del sexenio, promoviendo consignas como "la familia pequeña vive mejor" y "vámonos haciendo menos" que acompañaron a campañas de planificación familiar y coordinación entre el Consejo Nacional de Población y las instituciones de salud, lo que contribuyó a que la tasa de crecimiento anual de la población bajara de 3.5% en los 70 al 1% de la actualidad.

Para mantener sin cambios el número de pobladores de una sociedad se necesita que cada pareja tenga en promedio dos hijos, que eventualmente sustituirán a los dos padres que se van, por ello la tasa de reemplazo poblacional se sitúa en 2.1 hijos por mujer, no obstante, Ordorica señaló que en México ya estamos muy por debajo de la tasa de reemplazo, en 1.2 hijos por mujer, y por ello vamos camino a la contracción poblacional.

En una visita a universitarios de Ciudad Juárez pregunté quiénes querían casarse y tener hijos. Muchos deseaban una pareja y vivienda propia, pero no querían tener hijos. Una joven me explicó que, si apenas le alcanzaba para mantenerse, difícilmente podía pensar en criar a un niño. No es una encuesta nacional, pero su respuesta muestra algo preocupante: sin buenos empleos ni vivienda accesible, formar una familia puede parecer un lujo.

Durante años, las pensiones de los jubilados las pagaron los trabajadores en activo, pues siempre había bastantes más trabajadores que jubilados, no obstante, en un mundo donde el número de adultos mayores se acerca al número de jóvenes trabajando corren riesgo tanto las pensiones de los jubilados como las de dichos jóvenes.

Según proyecciones del CONAPO, para 2034 habrá proporcionalmente más personas mayores de 60 años que niños menores de 12. Debemos discutir cómo financiar el retiro, proteger a quienes más lo necesitan y evitar que la cuenta recaiga sobre las siguientes generaciones.

Como explicó Ordorica, también debemos revisar la idea de que todos tienen que dejar de trabajar a los 65 años. En El Colegio de México, contó, modificaron su esquema de retiro de 65 a 75 años. Eso no significa obligar a todos a trabajar más: quien realiza labores físicas exigentes enfrenta circunstancias distintas a las de un investigador. Necesitamos opciones flexibles que tomen en cuenta la salud y la voluntad de cada persona.

He visto numerosos textos donde se expresa una enorme preocupación de tener tantos jubilados mayores de 65 años, pero antes de ello es mejor preguntarnos si es necesario que todos se jubilen a los 65. Muchos alcanzarán a vivir 90 años o más, por lo que no solamente es financieramente inviable, además el cuerpo y la mente necesitan mantenerse ocupados para estar sanos. Necesitamos un sistema que dé oportunidades para trabajar a los adultos mayores adecuadas para su edad, trabajos que posiblemente requieren menos esfuerzo físico, menos horas de trabajo, más flexibles, que les exijan menores desplazamientos, pero que aprovechen su experiencia, conocimientos adquiridos y les permitan seguir desarrollándose, sin discriminarlos por su edad.

No tiene sentido que una empresa descarte automáticamente a alguien por tener 70 años. Su experiencia puede formar nuevos trabajadores y resolver problemas. Podríamos crear programas donde profesores jubilados ayuden a estudiantes con dificultades en matemáticas. Si los mayores asesoran y los jóvenes ocupan nuevas plazas, ambas generaciones ganan sin disputarse el mismo puesto.

Prepararnos exige empezar antes de la vejez. Ahorrar cuando se pueda, cuidar la alimentación, hacer ejercicio y seguir aprendiendo durante toda la vida puede darnos más años de independencia. Los gobiernos deben fortalecer la prevención y preparar enfermeras, especialistas en rehabilitación y servicios de atención domiciliaria. Habrá más necesidad de cuidados y también oportunidades para crear empleos dignos.

Nuestras ciudades tendrán que cambiar. Cuando una población crece mucho se necesitan muchas escuelas, guarderías, primarias y maestros; conforme la población envejece, se necesitan menos escuelas, pero más hospitales y centros de salud.

En Estado Unidos la población es de una edad más avanzada que en México, y justamente uno de los sectores de mayor crecimiento en la creación de empleos son los servicios médicos, como enfermería, medicina general y de especialidades.

Además, las banquetas y las calles presentan obstáculos no sólo para las personas discapacitadas, también son riesgos para los adultos mayores que tienen mayores dificultades para reponerse de una caída.

Una banqueta rota, un escalón imposible o una calle sin cruces seguros pueden quitarle autonomía a una persona mayor tras un accidente. Hacen falta viviendas accesibles, transporte adecuado y servicios médicos cercanos. La calidad de vida también depende de que alguien pueda salir de su casa sin miedo a caerse.

Que nuestros padres y abuelos vivan más tiempo debería alegrarnos. Y que nosotros podamos llegar a esa edad con salud, la opción de seguir trabajando y una pensión suficiente tendría que ser una meta compartida.

México no supo responder suficientemente a un crecimiento poblacional vertiginoso y tuvimos que enfrentar servicios públicos deficientes, eso a pesar de contar con una población joven y contar con el bono demográfico, es decir, tener más gente en edad de trabajar que la suma de niños y adultos mayores.

Ahora que el bono demográfico se ha esfumado, tenemos que responder al desafío de preparar el país para el envejecimiento poblacional. El tiempo se nos agota, tenemos que actuar con sentido de urgencia.