México frente al intervencionismo

El día sábado 28 de febrero, volvimos a ser testigos de una ofensiva —la segunda en lo que va de este año— por parte de Estados Unidos de Norteamérica, a otro país. En esta ocasión uno con el que Washington mantiene desde hace décadas una relación marcada por confrontaciones diplomáticas y episodios bélicos indirectos, Irán.
Esta escalada de fuerza abre interrogantes que rebasan la coyuntura militar ente Israel y Estados Unidos y pone en cuestionamiento si lo que está en discusión es una nueva política mundial que avanza muy rápido hacia una normalización del uso preventivo de la fuerza o si aún es posible sostener un sistema, como el de las Naciones Unidas, basado en normas, instituciones y negociación política.
En este contexto, la posición de México, expresada a través de nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum, refleja el respeto a la tradición diplomática que México ha construido desde hace dos siglos, cuando señala que nuestro país siempre va a abogar por la paz mundial, la cual se expresa claramente en nuestra doctrina constitucional.
México no adoptó esos principios solo por idealismo, los construyó a partir de la propia experiencia histórica, desde la guerra de 1847 hasta la ocupación de Veracruz en 1914.
Para México, el desafío crece, pues compartimos con EU una relación económica, social y geográfica profundamente entrelazada. Esta realidad obliga a una interlocución constante, seria y respetuosa pero firme; pues la cooperación de ninguna manera significa renunciar a una voz propia ante esta escalada de violencia. Defender la paz también es defender el bienestar, el desarrollo y la posibilidad de destinar recursos a la justicia social en lugar de a la confrontación. La política exterior no puede separarse del proyecto de país. Apostar por la diplomacia, el multilateralismo y la cooperación internacional es coherente con una visión que coloca en el centro a las personas y no a la guerra.
En tiempos de incertidumbre internacional, mantener nuestros principios y refrendarlos es una decisión política de gran calado. La paz no es una debilidad, sino la forma más responsable de ejercer la soberanía; es el momento mantener la convicción de que la independencia nacional pasa por sostener las reglas del derecho internacional en lugar de la fuerza y no ser indiferentes ante la violencia que lastima la vida de las personas.



