Más allá del homicidio: medir bien para pacificar mejor

El 10 de febrero de 2026, el gobierno federal informó una reducción de 42% en homicidios dolosos. Desde México Evalúa estimamos otra cifra: disminución del 22%. La discrepancia reside en qué medimos cuando hablamos de violencia letal.
El homicidio doloso es la métrica tradicional para evaluar las políticas de seguridad pública, en México y en el mundo.
Pero en el caso de México es, en el mejor de los casos, un termómetro parcial.
En contextos de fragilidad institucional, presiones políticas o saturación operativa, pueden ocurrir errores de clasificación, omisiones o reclasificaciones que desplacen hechos graves hacia categorías de menor visibilidad.
Cuando el homicidio doloso se convierte en el eje del discurso oficial en materia de seguridad, se generan incentivos para su contención discursiva.
Por otra parte, las desapariciones han funcionado como una estrategia de los grupos delictivos para evitar el registro inmediato de asesinatos.
Dos metodologías, dos alcances
Las diferencias entre la medición oficial y la de México Evalúa responden a cuatro decisiones metodológicas.
1. Conceptual. La medición oficial se concentra exclusivamente en el homicidio doloso.
La nuestra articula cinco rubros: homicidio doloso, feminicidio, homicidio culposo, otros delitos contra la vida, y personas desaparecidas o no localizadas.
2. Temporal.
El análisis oficial parte del inicio del sexenio en septiembre de 2024. Sin perspectiva histórica, resulta imposible distinguir entre un cambio estructural y una fluctuación coyuntural. Al ampliar la mirada, encontramos que, aunque en 2025 la violencia letal se redujo 8.6%, en la última década acumuló un aumento de 68.2%.
3. Método de comparación.
El gobierno compara promedios diarios en dos puntos del tiempo —por ejemplo, el de septiembre de 2024 contra el de enero de 2026— sin considerar el comportamiento intermedio. Esta técnica invisibiliza picos relevantes de violencia letal, como los que suelen registrarse tras la captura de líderes criminales o en episodios de disputa territorial.
4. Fuente de datos.
La medición oficial utiliza exclusivamente las víctimas reportadas por las fiscalías estatales al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Las señales de alerta: desapariciones y otros delitos contra la vida
Mientras los homicidios dolosos crecieron un 30% entre 2015 y 2025, los registros de personas desaparecidas aumentaron un 213%, al pasar de 4 mil 114 a 12 mil 872 casos, una trayectoria de crecimiento persistente que desde 2018 acumula 88%. En 2025, los incrementos más pronunciados se concentraron en entidades con alta violencia criminal. Baja California Sur es el caso más atípico: su tasa aumentó 164% respecto a 2024. En Sinaloa, la tasa creció un 30% en el último año.
Algo similar ocurre con la categoría de otros delitos contra la vida. Lo que en principio debería ser un rubro de baja frecuencia y relativa estabilidad ha aumentado 368% en una década.
Medir mejor para gobernar mejor
La propuesta de México Evalúa no busca sustituir la métrica tradicional ni descalificar avances. Busca ampliar el lente. Cuando sólo observamos un indicador, corremos el riesgo de interpretar desplazamientos estadísticos como mejoras sustantivas.
La reducción reciente de homicidios dolosos es una oportunidad valiosa. La violencia en México no es irracional ni inexplicable. Tiene patrones, incentivos y lógicas territoriales identificables. Medirla en toda su complejidad es una condición para construir una paz duradera.
@mariana_c_v



