Columnas - Dra. Yirla Paola García López

“Importancia de la educación sexual: un conocimiento que protege”

  • Por: DRA. YIRLA PAOLA GARCÍA LÓPEZ
  • 07 ENERO 2026
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“Importancia de la educación sexual: un conocimiento que protege”

La educación sexual sigue siendo un tema que, aunque indispensable, continúa rodeado de silencios, prejuicios y conceptos incompletos. En nuestra frontera, donde convergen realidades culturales diversas y desafíos sociales complejos, hablar de salud sexual no es un lujo académico: es una necesidad cotidiana. Como profesionales de la salud, nos corresponde acercar información clara, respetuosa y basada en evidencia, con el fin de acompañar a las familias en decisiones que impactan toda una vida. Cuando hablamos de educación sexual no nos referimos únicamente a la prevención del embarazo o de infecciones de transmisión sexual (ITS). La educación sexual integral abarca aspectos físicos, emocionales, relacionales y sociales. Explica cómo funciona el cuerpo, pero también enseña a reconocer límites, ejercer el autocuidado, construir vínculos respetuosos y tomar decisiones informadas que protejan bienestar, dignidad y futuro.

El cuerpo como territorio que se debe conocer. 

La desinformación sigue siendo uno de los principales riesgos en salud. Muchas personas llegan a la edad adulta sin conocer con claridad su anatomía, sin entender cómo funciona su ciclo reproductivo y sin saber identificar síntomas de alarma. Esto no solo provoca miedos innecesarios, sino que aumenta el riesgo de diagnósticos tardíos en enfermedades ginecológicas, urológicas y hormonales. Conocer el propio cuerpo no promueve conductas inapropiadas; por el contrario, es un acto de autocuidado que permite tomar decisiones responsables y detectar cambios a tiempo.

Consentimiento: la base de las relaciones sanas. 

Uno de los conceptos más importantes y también más olvidados es el consentimiento. Enseñarlo desde edades tempranas, siempre con lenguaje apropiado y respetando la madurez de cada niño o adolescente, fomenta la capacidad de decir sí o no de forma libre y consciente. El consentimiento previene abusos, reduce la violencia y promueve relaciones afectivas más sanas. Hablar de límites, respeto mutuo y comunicación asertiva es tan importante como explicar cualquier aspecto biológico.

Las emociones también forman parte de la salud sexual. 

El bienestar sexual no se limita a la ausencia de enfermedad; también incluye la capacidad de vivir la intimidad de forma segura, respetuosa y emocionalmente saludable. Muchas decisiones impulsivas o de riesgo ocurren cuando la persona no ha recibido herramientas para manejar presión social, autoestima, vínculos afectivos o ansiedad. Una educación sexual integral ayuda a comprender que la sexualidad no solo es un acto físico, sino una expresión humana que involucra emociones, identidad, valores y decisiones personales que deben vivirse con responsabilidad y madurez.

Prevención: información que salva vidas. 

A nivel médico, una educación sexual adecuada contribuye significativamente a reducir infecciones de transmisión sexual, embarazos no planeados y complicaciones de salud a largo plazo. El acceso a información confiable y a servicios de salud oportunos transforma realidades: disminuye diagnósticos tardíos, evita secuelas prevenibles y mejora la calidad de vida. Hablar de métodos anticonceptivos, por ejemplo, no promueve la actividad sexual precoz; promueve decisiones informadas. Explicar su funcionamiento, eficacia y límites es una forma de proteger la salud reproductiva y de evitar escenarios que pueden marcar una vida entera.

Romper tabúes sin romper valores. 

Es fundamental aclarar que educación sexual no significa imponer creencias ni cuestionar valores familiares. La educación sexual puede y debe convivir con las convicciones personales, culturales y religiosas de cada hogar. No busca reemplazar el papel de los padres; busca fortalecerlo, ofreciendo herramientas médicas y psicológicas que complementen la formación desde casa. Cuando la información se brinda con respeto, claridad y sensibilidad cultural, se transforma en una aliada del bienestar familiar, no en una amenaza.

¿Por qué hablar de sexualidad sigue siendo tan incómodo? 

El silencio suele estar motivado por miedo, miedo a abrir temas complejos, miedo a equivocarse, miedo a despertar curiosidad temprana. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario, cuando no se habla de sexualidad en casa o en la escuela, quienes terminan educando son internet, compañeros de la misma edad o fuentes sin fiabilidad. Y esa educación, casi siempre, llega distorsionada.

Reflexión final: 

La educación sexual no es un tema prohibido ni un detonante de conductas inapropiadas. Es una herramienta de salud pública, un acto de amor propio y un puente hacia relaciones más sanas, informadas y responsables. Cada conversación abierta, cada concepto explicado con claridad y cada duda atendida con respeto puede marcar una diferencia profunda en la vida de una persona. Hablar de sexualidad con responsabilidad es, en el fondo, un acto de protección. Porque cuando la información es clara, la decisión es libre; cuando la comprensión es amplia, el miedo disminuye; y cuando la educación llega a tiempo, la salud física y emocional se preserva.


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