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Hasta siempre, Cuauhtémoc

Hasta siempre, Cuauhtémoc

Actualizado: 03 de Noviembre, 2026, 08:11 AM

México ha perdido a uno de los dirigentes políticos más relevantes de su historia contemporánea, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, artífice primordial en la demolición del viejo régimen y la transición democrática del país.

Cuauhtémoc Cárdenas fue un grande de la política mexicana, una figura sin la cual no puede comprenderse nuestra actual vida democrática. Un hombre congruente con sus ideas y principios y al mismo tiempo una persona austera, sencilla y generosa.

Cárdenas fue un opositor que desafió al poder y al orden establecido, pero también un fundador de instituciones, un gobernante que abrió nuevos horizontes a la izquierda, un defensor de la soberanía nacional y sus recursos naturales, un internacionalista solidario con las causas democráticas del mundo.

La democratización de México no puede entenderse sin él. En 1988, la ruptura de la Corriente Democrática con el partido oficial y la convergencia con distintas expresiones de la izquierda dieron lugar a una de las mayores insurgencias electorales de nuestra historia sacudiendo al régimen autoritario que había imperado durante décadas.

Cárdenas articuló lo mejor del nacionalismo revolucionario con una izquierda que, apenas una década de anterior, había asumido la lucha democrática como vía para transformar al país. De esa fusión surgió el Partido de la Revolución Democrática, que, si bien tuvo un desenlace lamentable, no puede menospreciarse la fuerza política y social que tuvo en su origen.

Cárdenas impulsó una alternativa de poder que encontró en la Ciudad de México, uno de sus principales puntos de apoyo. En 1997, Cuauhtémoc se convirtió en el primer Jefe de Gobierno electo por el voto de los capitalinos. La ciudad se convirtió en un contrapeso al gobierno federal y en un espacio desde el cual la izquierda pudo demostrar su capacidad para gobernar, y donde germinó una nueva mayoría, dando cauce a la lucha de muchas generaciones que resistieron cuando las condiciones eran profundamente adversas.

Cárdenas fue un hombre congruente. En 1987 desafió al PRI reclamando democracia interna y rechazando "el dedazo" en la designación del candidato oficial, la política neoliberal impulsada por el PRI y en demanda de rescatar de los principios históricos del Revolucionario Institucional, señaló: "Ceder en los principios, caer en el oportunismo, tolerar indignidades, sería traicionar el principio revolucionario".

Tres décadas después, tras la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, renunció al partido que fundó cuestionando la responsabilidad política de los dirigentes del PRD en su relación con las autoridades electas por ese partido en Guerrero e Iguala, la pérdida de credibilidad e identidad política y, la falta de democracia interna por el control de sus corrientes internas: "Ante la disyuntiva de correr el riesgo de compartir decisiones tomadas por miopía, oportunismo o autocomplacencia, en las que no haya tenido cabida la autocrítica, he preferido correr el riesgo de recibir críticas y optar por decidir, de acuerdo con los principios que he sostenido".

Cárdenas fue un hombre con autoridad política y moral. Respetado, como quedó acreditado en sus exequias a las que acudieron incluso quienes lo denostaron. Un hombre que no traiciona, de los que hacen falta.

En los últimos años Cárdenas continuó recorriendo el país convocando, a través de Por México Hoy, a articular un espacio de reflexión y encuentro para discutir colectivamente el país que queremos. Una iniciativa que no fue concebida para disputar candidaturas ni para construir una plataforma electoral.

Quedan en la memoria colectiva sus contundentes afirmaciones en el zócalo capitalino: "Los errores políticos siempre se pagan, el pueblo y la historia no perdonan". "No renunciaremos, no negociaremos, no nos rendiremos, no nos vamos a doblar".