Tamaulipas está entre los 20 estados del país que legislaron en lo local, contra el nepotismo en cargos de elección popular. La ley prohíbe que familiares de quienes ocupan cargos a los que llegaron por voto popular, accedan de forma inmediata al mismo puesto.
Con esta disposición, que se aplicará por primera vez en el estado, en la elección del 2027, para la renovación de las 43 alcaldías y las diputaciones locales, se vinieron abajo proyectos políticos de personajes de la frontera, principalmente.
El círculo de la clase política en Tamaulipas, como ocurre en todo el país, está integrado por los mismos nombres: el hermano de, el primo de, el compadre, provienen de dinastías familiares presentes en todos los partidos políticos actuales.
Existen algunas figuras políticas que provienen del activismo y de la lucha social, pero son minoría en los puestos de elección popular. Un ejemplo es Clara Brugada Molina, actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México, quien construyó su trayectoria política a partir del activismo y del movimiento urbano.
El Congreso del Estado de Tamaulipas modificó de manera anticipada el marco legal electoral, ya que a nivel federal esta restricción entrará en vigor hasta la elección de 2030, para evitar que en el Estado se repitan las herencias de cargos políticos entre familiares, en la elección que está en proceso.
El nepotismo es una parte del sistema político mexicano, donde el que no tiene “palancas”, no entra, pero además, es desde donde nace la corrupción, formando familias enteras con privilegios y patrimonios de poder y económicos, que cierran la puerta a la democracia y al desarrollo de los auténticos liderazgos de la sociedad civil, que trabajan de manera voluntaria para transformar sus barrios, ciudades y su país.
La iniciativa impulsada por el Presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del estado, Humberto Prieto, fue acertada, porque la ley antinepotismo cobra relevancia al obligar a los partidos políticos, revisar las reglas de participación política y los vínculos familiares de quienes buscan llegar al poder, los cuales no son pocos; hoy más que nunca, aumenta la efervescencia por participar por los cargos de elección popular en este proceso 2027, especialmente en Morena, por tener la alta posibilidad de lograr el triunfo en las urnas.
El nepotismo legal, ya está prohibido y se verán los resultados en la conformación del Congreso local, en los cabildos y alcaldías, aunque nadie habla de ese invisible, donde familiares sin cargo suelen “meter mano” en los ayuntamientos, sin haber sido votados, como es el caso de Matamoros, con el alcalde Beto Grados, que trasciende públicamente, sus familiares toman decisiones políticas; eso que no está a simple vista, también tendría que ser parte de la estructura jurídica para erradicar el nepotismo, siempre que sea comprobado y será una agenda pendiente de futuro.
En esta elección, Tamaulipas deja atrás las herencias políticas para pasar a tener nuevos liderazgos y dar paso desde los partidos al relevo generacional; que se rompa con los grupos familiares que se han mantenido en el poder durante décadas, muchas veces sin compromiso, capacidades, ni merecimientos.
Detrás de cada reforma, de cada ley, existe algo que se conoce como “voluntad política”; si no la hay para que se aplique, entonces es letra muerta; los cargos no deben repartirse como herencia política; el sistema ya no lo resiste, y el pueblo lo experimentó con el PRI y el PAN; hoy Morena tiene ese reto mayor.
Gobernar no debe ser un asunto de herencias familiares, sino de vocación, capacidad, trayectoria, trabajo y respaldo ciudadano.



