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Dos años de crecimiento y resultados en salud

Dos años de crecimiento y resultados en salud

Actualizado: 01 de Octubre, 2026, 08:42 PM

“No se trata solamente de construir, sino de coordinar la construcción con las necesidades de las distintas regiones del país”.

Franklin D. Roosevelt

Hay cifras que sirven para presumir y otras que sirven para medir. En una institución pública deberían importar, sobre todo, las segundas. En el marco del Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) permiten observar una transformación importante en su capacidad de atención. Detrás de cada cama, cada consulta y cada cirugía existe algo que las estadísticas suelen ocultar: una persona esperando. Esa es, finalmente, la razón de ser de la seguridad social.

Desde 2018, el IMSS emprendió el proceso más amplio de crecimiento hospitalario de su historia. Hacia 2030 se proyecta incorporar más de 10 mil camas y duplicar, en apenas 12 años, la capacidad construida durante los 36 anteriores. La dimensión puede apreciarse en hospitales de Sonora, Baja California, Yucatán, Guanajuato, Michoacán, Coahuila, Nuevo León, Morelos, Zacatecas, Sinaloa, Baja California Sur y Oaxaca; en la conclusión del Hospital Regional número 25 de Iztapalapa; en el rescate de Chicoloapan y en las ampliaciones de Tula y San Buenaventura. Pero un sistema de salud no puede construirse solamente desde los hospitales. También se han puesto en operación seis nuevas Unidades de Medicina Familiar, que representan 134 consultorios adicionales. Ahí está quizá una de las transformaciones menos espectaculares, pero más importantes: atender antes para evitar llegar después al hospital. A ello se suma la renovación tecnológica: 67 mastógrafos, nuevos tomógrafos, 17 equipos de resonancia magnética y tres aceleradores lineales para la atención del cáncer. Una mastografía y una biopsia realizadas en una misma visita pueden parecer un dato administrativo. Para una mujer que espera saber si tiene cáncer, significan otra cosa: menos días de incertidumbre. Esa es la diferencia entre contabilizar servicios y comprender su dimensión humana.

Los resultados empiezan también a expresarse en la atención. 

Entre enero y julio de 2026, el IMSS reportó 12.6 millones de consultas y cirugías adicionales respecto del mismo periodo de 2024. Las cirugías crecieron 36 por ciento; la consulta de especialidad, 37 por ciento, y Medicina Familiar, 12 por ciento. Nada de esto ocurre por generación espontánea. 

En los últimos dos años se incorporaron más de 32 mil trabajadoras y trabajadores, entre ellos casi 9 mil médicas y médicos y más de 6 mil integrantes del personal de enfermería.

Durante los primeros dos años de la administración de Claudia Sheinbaum, esta expansión ha continuado. Al IMSS, bajo la dirección del Mtro. Zoé Robledo, le corresponde convertirla en algo bastante más difícil que construir hospitales: hacer que funcionen todos los días. Porque sería un error confundir infraestructura con salud. Un hospital vacío es solamente un edificio. Una resonancia que no funciona es una máquina costosa. Una cama sin enfermera es un mueble. 

Y un derecho escrito en una ley, si una persona no puede ejercerlo, corre el riesgo de convertirse en una declaración de buenas intenciones. Ahí permanece el desafío.

Persisten tiempos de espera, necesidades de abasto, déficit de especialistas en algunas regiones y una demanda que seguirá creciendo. Reconocerlo no disminuye lo realizado. Al contrario: la obligación de una institución pública no es defender sus cifras, sino confrontarlas permanentemente con la realidad. La seguridad social nació de una idea profundamente humanista: que la enfermedad, la vejez, un accidente o la pérdida de la capacidad para trabajar no deben condenar a una persona a enfrentar sola su vulnerabilidad. 

Por eso el IMSS no es únicamente una institución médica. Es uno de los grandes pactos de solidaridad que los mexicanos hemos construido entre generaciones.

Podemos hablar de 10 mil camas, millones de consultas o miles de trabajadores adicionales. Son datos importantes. Pero existe una medida todavía más exigente. La del paciente que espera. Si conseguimos que espere menos, que sea diagnosticado antes, que encuentre sus medicamentos y que reciba atención digna cuando más vulnerable se encuentra, entonces las cifras habrán dejado de ser estadísticas. Se habrán convertido en derechos.