Cada año desde 1996, Marta Lagos levanta la encuesta llamada Latinobarómetro, que mide el apoyo, o rechazo, a la democracia en todo América Latina, salvo Cuba. Los resultados son presentados inicialmente por The Economist, y luego desglosados y reproducidos en diversos medios de la región entera. La encuestadora entrega cifras agregadas y por país, y siempre arrojan datos fascinantes, o sorprendentes.
Los números para 2026 son, en general, alentadores. Surgen apoyos significativos a la democracia en varios países, medidos entre otros a través de una pregunta derivada de la famosa interrogante churchiliana: ¿Es la democracia el peor sistema político salvo todos los demás? La mitad de los encuestados afirmó que sí, y el 30% que se encuentran satisfechos con la democracia. Otras revelaciones, destacadas por Michael Reid, quien comenta el estudio: por primera vez, un número mayor de latinoamericanos ve con mejores ojos la influencia china en la región que la de Estados Unidos. Por otra parte, en la gran mayoría de los países, la economía aparece como el problema más importante, por arriba de la seguridad, con la excepción de cinco naciones, entre ellas México.
Pero, para México, la encuesta emite cifras extrañas, casi aterradoras, y no de fácil explicación. Para empezar, a la pregunta del sabio inglés, sólo 53% responden que la democracia es el mejor sistema de gobierno, mientras que 43% manifiestan lo contrario. Sobre todo, la cifra se desploma de 74% en 2024, y 71% en 2023. No encuentro una explicación evidente de un cambio tan brusco. Sólo Ecuador y Panamá presentan peores cifras; el promedio de América Latina es de 65% versus 32%.
Ante la pregunta si se encuentran más de acuerdo con la democracia, con un gobierno autoritario o les da lo mismo, la proporción de los mexicanos que prefiere la democracia cae cuatro puntos, el de gobierno autoritario también desciende siete puntos, pero el “da igual” sube ocho puntos. Asimismo, sólo 30% de los habitantes del país se dicen satisfechos con su democracia, 67% o dos de cada tres, se declaran poco o nada satisfechos, y dicha cifra asciende desde 50% hace dos años.
Todos estos números se dan dentro del período de gobierno de la 4T, y en particular de Claudia Sheinbaum. Los encuestados no se refieren a la “falsa” democracia neoliberal que denuncia AMLO. Opinan sobre la de ahora. Es cierto que antes de 2018 aparecían números semejantes. Las mejores cifras correspondieron a 2004 y 2002, y las peores a 2018, antes de la elección de López Obrador. Pero la caída ahora es demasiado vertiginosa para no exigir una explicación por lo menos hipotética.
La propia Marta Lagos da a entender que la razón puede hallarse en el “síndrome Bukele”. En países como México, donde la seguridad constituye la principal preocupación de los ciudadanos —los otros son Costa Rica, Ecuador, Perú y Colombia— todos celebraron elecciones recientemente, y en todos ganó un candidato de “mano dura”-la gente quiere soluciones inmediatas ante ese flagelo. Ya dispone, en su mente, de un ejemplo a seguir. Se ha difundido tanto en la opinión pública regional el supuesto “éxito” salvadoreño que mucha gente se pregunta: “¿Por qué no pasa lo mismo aquí?”. En México, país de tlatoanis, la sociedad no culpa a la Presidenta, sino a la democracia mexicana, que no proporciona resultados. Las bases de datos de Lagos sugieren que los mexicanos ven bien el funcionamiento del gobierno, pero no de la democracia.
Otra, que se me ocurre, radica en la creciente normalización del autoritarismo en México. Nunca se erradicó del todo nuestra tentación caudillesca, pero durante los últimos dos años, la deriva autoritaria se ha acentuado. Una medida tras otra muestra el camino de Sheinbaum: censura, abusos, leyes aberrantes, detenciones arbitrarias, despliegue militar, protección de narco-políticos, fraudes electorales, etc. Entonces, puede ser que la sociedad mexicana, nunca muy convencida de los méritos de la gobernanza democrática, haya “normalizado” este declive, resignándose a él, y pensando que “así es la vida”, la democracia no trajo nada demasiado bueno, y el autoritarismo resulta más afín con las tradiciones mexicanas y con las exigencias de los mexicanos.
Latinobarómetro nos da en qué pensar. Quizás Alejandro Moreno, que cuenta con las bases de datos de este año para México, tenga alguna reflexión al respecto.
*Excanciller de México



