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Américo 4 años: el alto costo de gobernar

Américo 4 años: el alto costo de gobernar

Actualizado: 05 de Octubre, 2026, 07:35 AM

Este 1 de octubre, el doctor Américo Villarreal Anaya cumplió cuatro años al frente del gobierno de Tamaulipas. Ha sido un periodo de trabajo intenso, sobresaltos y resistencias. Llegar fue difícil; gobernar y abrirse camino entre los obstáculos heredados tampoco ha sido una tarea sencilla.

Tamaulipas es una de las entidades más complejas para ejercer el poder. Su vecindad con Texas, una de las economías más poderosas de Estados Unidos; sus cruces internacionales, su extensa costa y la importancia de la aduana de Nuevo Laredo le dan una dimensión estratégica. Aquí convergen oportunidades de desarrollo, intereses económicos y desafíos de seguridad que vuelven especialmente exigente la tarea de gobernar.

Desde que comenzó a construirse el proyecto de su candidatura, y después durante la precampaña y la campaña, el doctor Américo enfrentó una de las tareas más complejas de su vida. La sociedad tamaulipeca reclamaba un verdadero cambio en el gobierno tras padecer al peor gobernador de la historia de Tamaulipas en la persona de Francisco García Cabeza de Vaca. Sin embargo, ese ánimo ciudadano no hizo menos difícil el camino del candidato de Morena.

El doctor Américo, su familia y quienes integraron aquel equipo enfrentaron amenazas, persecución y hostigamiento. Fue una campaña marcada por el miedo y el terror, dirigida desde el gobierno cabecista, cuyos episodios merecen documentarse con rigor para comprender lo que significó aquella disputa por el poder. “Alguien tiene que escribir y documentar esto para que las futuras generaciones de Tamaulipas sepan qué fue lo que pasó”, recomendó un integrante de aquel grupo de campaña.

Lo conseguido el 5 de junio de 2022 fue una hazaña política. Andrés Manuel López Obrador reconoció desde sus conferencias mañaneras al pueblo de Tamaulipas por haber salido a votar contra la maldad y la corrupción, pero se quedó corto, porque las atrocidades e ilícitos cometidos por Cabeza de Vaca fueron terribles e inimaginables.

Se ganó la elección y se saboreó el triunfo, pero la etapa más difícil apenas comenzaba.

Ya como gobernador, Américo Villarreal encontró una administración con desorden financiero y administrativo, rezagos en salud y educación y serios problemas en las instituciones de seguridad. A ello se sumaban disposiciones y candados legales que limitaban el margen de acción del nuevo gobierno.

El propio mandatario llegó a describir aquel escenario con una mezcla de ironía y franqueza: de haber sabido que tendría en contra el Congreso, el Poder Judicial, las fiscalías, la Auditoría Superior del Estado y la Universidad Autónoma de Tamaulipas, habría preferido seguir en su consultorio. “¡Bendita ignorancia!”, decía.

Consciente del esfuerzo que había costado llegar, Américo puso manos a la obra. Con el respaldo del presidente López Obrador y, después, de la presidenta Claudia Sheinbaum, tocó puertas, gestionó recursos y comenzó a ordenar la administración.

Hoy, a cuatro años del inicio de su administración, se han alcanzado logros y avances sustanciales en todas las áreas de gobierno, como lo demuestran las obras realizadas y los indicadores registrados.

En finanzas, reporta avances en la reducción de la deuda; en infraestructura, inversiones y proyectos de alcance estratégico, entre ellos el acueducto, las carreteras, el puerto de Matamoros y la infraestructura energética. En materia económica, destaca una cartera de proyectos de inversión extranjera; en seguridad social, la reforma al sistema de pensiones que da viabilidad y seguridad a los trabajadores hasta 2051.

Las exposiciones de los integrantes del gabinete, durante el ejercicio de rendición de cuentas del jueves 1 de octubre, ofrecieron un recuento de esas acciones. Son resultados que deben valorarse por su alcance, su ejecución y sus efectos en la vida de los tamaulipecos.

Durante estos cuatro años, el gobierno también ha recuperado capacidad de decisión y removido obstáculos institucionales que marcaron el inicio de la administración. Hoy, Américo dispone de un margen de acción mayor al que tuvo cuando asumió el cargo. Construirlo exigió tiempo, desgaste y un elevado costo político.

Porque, aparte de gobernar, el doctor Américo ha tenido que enfrentar una campaña mediática nacional y extranjera nociva y perversa; ha sido víctima de una narrativa financiada por la derecha, a la cual no está ajeno el prófugo de la justicia Francisco García Cabeza de Vaca. La campaña contra Andrés Manuel López Obrador, contra Claudia Sheinbaum, Morena y todo lo que huela a Cuarta Transformación lo ha lastimado injustamente en su imagen pública.

Resulta ridículo e impensable que, después de una vida dedicada a la medicina y al servicio público en el sector salud, con una trayectoria construida durante décadas y respaldada por reconocimientos profesionales, el doctor Américo Villarreal Anaya aparezca hoy en ciertas narrativas mediáticas bajo el calificativo de “narcogobernador”. 

A todo ello ha tenido que hacer frente Villarreal Anaya, no solo ante la ofensiva de sus adversarios externos, sino también frente a las resistencias y disputas surgidas dentro de su propio movimiento, donde algunos han apostado al desgaste de su gobierno y de su liderazgo.

Pese a ese escenario, cuatro años después de asumir el poder, el gobernador llega al tramo decisivo de su administración con fortaleza política y con mejores condiciones para gobernar que las que encontró al inicio.

Los resultados están ahí y deben contarse con transparencia. También los errores y los pendientes. Reconocer los avances exige mirar de frente lo que falta por resolver. El balance de un gobierno se construye con obras, servicios y decisiones, pero también con la capacidad de corregir.

Vienen los dos últimos años, una etapa en la que suelen aumentar las presiones, se acelera la competencia electoral y comienza la disputa por la sucesión. La experiencia adquirida le da al gobernador herramientas para enfrentar ese escenario, aunque el cierre exigirá disciplina en el gabinete, continuidad en los proyectos y cercanía con la sociedad.

La frase resume una manera de entender su recorrido, pero también fija una responsabilidad para lo que viene. Américo ha superado buena parte de los obstáculos que marcaron su llegada; ahora debe convertir esa fortaleza en resultados duraderos. Su cierre se medirá en las obras que concluya, los servicios que mejore y las instituciones que deje funcionando. Ahí se decidirá si la transformación permanece cuando él ya no esté en Palacio de Gobierno.