PAN busca sacudirse la sombra de Reynosa

Durante al menos dos décadas, el Comité Directivo Estatal del PAN en Tamaulipas estuvo marcado por el dominio del llamado grupo Reynosa, una corriente política que convirtió al partido en una estructura cerrada, con decisiones tomadas por pocos y con consecuencias que hoy pesan sobre la marca azul.
Ahora, en medio de una disputa interna y de un evidente desgaste político, el panismo intenta ensayar un proceso de limpieza. La intención es clara: dejar de ser rehén de un grupo que en los últimos años terminó por contaminar la vida interna del partido y que lo arrastró a una crisis de credibilidad frente a los ciudadanos.
Sin embargo, una primera lectura dentro y fuera del panismo sugiere que el deslinde que ahora buscan algunas de las llamadas ‘nuevas figuras del partido’, entre ellas Gloria Garza y César “El Truco” Verastegui, parece más un movimiento táctico que una ruptura real.
La sospecha surge porque muchos de los actores que hoy hablan de renovación formaron parte de la misma estructura política que permitió al grupo Reynosa consolidar su poder durante años. De ahí que en distintos círculos políticos se dude que ese distanciamiento sea total.
La razón es sencilla: durante ese largo periodo no solo se construyeron alianzas políticas, también se generaron relaciones de poder, negocios y compromisos que difícilmente se borran con un simple discurso de renovación.
Una segunda lectura sobre lo que ocurre dentro del PAN apunta a algo todavía más profundo: el reconocimiento tácito de que la caída política de Francisco García Cabeza de Vaca es un hecho consumado y que la defensa permanente de su figura dejó de ser una estrategia rentable.
Ante ese escenario, el panismo empieza a aceptar que necesita nuevos liderazgos. Pero también se abre la puerta para que reaparezcan los grupos tradicionales, aquellos que alguna vez construyeron al PAN con oficio político, acuerdos internos y respeto a las reglas del juego.
Esa posibilidad no necesariamente es negativa. De hecho, dentro del partido hay quienes consideran indispensable el regreso de una clase política que sepa negociar, pactar y sostener compromisos, algo que en los últimos años se perdió entre confrontaciones internas y ambiciones personales.
El verdadero riesgo es otro: que el PAN termine atrapado nuevamente entre intereses inconfesables o que el partido siga orbitando alrededor de un solo grupo político que, para muchos, hoy opera desde Texas.
El momento es decisivo para el panismo tamaulipeco. O logra reconstruirse y recuperar su credibilidad, o termina de hundirse ante una ciudadanía que ya conoce de sobra las historias de poder y corrupción que marcaron los últimos años.
La marca PAN llega desgastada a esta nueva etapa. Y por lo mismo, a la próxima dirigencia no le conviene mantener como prioridad la defensa de quien, en los hechos, terminó por secuestrar políticamente al partido.
Hay además un factor que podría complicar aún más el escenario. Si el Instituto Nacional Electoral decide otorgar el registro a la organización Somos México como nuevo partido político, el tablero electoral podría moverse de forma inesperada.
No sería extraño ver entonces una cascada de candidatos vinculados al grupo Reynosa buscando espacios desde esa nueva plataforma política, en lo que podría interpretarse como el primer intento de abrir una nueva ruta de poder para el exgobernador.
El problema para esa organización es que, al tratarse de su primera elección, tendría que competir sin coaliciones.
Eso obligaría a construir candidaturas propias y a enfrentar directamente al electorado.
Aun así, en la política mexicana nada es imposible. Y menos cuando existen operadores como Guadalupe Acosta Naranjo, un viejo conocedor de las estructuras partidistas y de los movimientos que pueden redefinir las correlaciones de fuerza, pero obedeciendo a los intereses de Francisco.
De mantener esa obediencia ciega, muchos de los candidatos de SomosMx saldrán de las filas del grupo Reynosa y particularmente de los cabecistas.
Por lo pronto, el PAN no tiene un camino sencillo rumbo al 2027. Pero sí tiene una oportunidad que hace tiempo no aparecía: reorganizarse, reconstruir su narrativa política y comenzar a recuperar espacios regionales.
Solo así podrá aspirar a reconquistar las grandes ciudades, recuperar distritos y volver a ser un contrapeso real dentro del Congreso del Estado.
La pregunta es si el panismo tendrá la voluntad de romper con su pasado reciente o si, como ha ocurrido otras veces, terminará repitiendo la misma historia.



