Columnas - Dan Retrepo

No es el momento de sellar el destino de América del Norte

  • Por: DAN RETREPO
  • 26 MAYO 2026
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No es el momento de sellar el destino de América del Norte

El futuro de la competitividad global de Estados Unidos pende de un hilo mientras se aproxima la fecha límite del 1 de julio para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) y comienzan las negociaciones formales entre Estados Unidos y México este lunes. En pocas palabras, Estados Unidos no puede alcanzar ni la escala ni la diferenciación económica necesarias para competir con China sin profundizar la estrecha colaboración que ha definido buena parte de los últimos 35 años de América del Norte.

Para quienes comprenden la importancia de la relación de Estados Unidos con México y Canadá — sus dos mayores socios comerciales — resulta tentador aferrarse a la esperanza, contra toda esperanza, de que los tres países opten por la estabilidad frente a la fractura y extiendan el acuerdo por otros 16 años.

Se equivocarían al hacerlo. En su lugar, deberían apostar por un periodo de revisiones anuales en vez de buscar una ilusión fugaz de estabilidad.

Las revisiones anuales no son una buena idea, pero probablemente representan el camino más corto hacia el tipo de alineación esencial necesaria para promover un crecimiento económico compartido y sostenible en Estados Unidos, México y Canadá.

Como han demostrado los últimos 500 días con un TMEC que él mismo negoció y promulgó vigente, no existe documento mágico capaz de contener a este presidente de Estados Unidos. La imprevisibilidad es la marca distintiva del presidente Donald Trump, y lo seguirá siendo hasta las 12:00 del mediodía del 20 de enero de 2029, cuando su sucesor preste juramento. Trump gestiona todas sus relaciones impregnándolas de inestabilidad; basta con observar su manejo de la relación con Reino Unido o con la OTAN para entenderlo. Lo mismo ocurrirá en América del Norte a partir del 2 de julio, sea cual sea el marco formal que sustente la relación comercial norteamericana.

Todo ello, pese a que sin una colaboración profunda con sus vecinos, Estados Unidos no puede sostener las cadenas de suministro existentes en sectores cruciales como el automotriz, el aeroespacial, el energético y el de insumos médicos, y mucho menos crear nuevas cadenas en minerales críticos, semiconductores y otras tecnologías de punta independientes de China. Si bien las revisiones anuales privarían temporalmente a los tomadores de decisiones de los sectores público y privado de la certeza y previsibilidad necesarias para adoptar decisiones de asignación de capital e inversión pública, pueden ser el camino menos perjudicial hacia adelante.

Las revisiones anuales abrirían el camino para que la próxima administración estadounidense emprenda una rápida revitalización del TMEC guiada por el interés nacional, y crearían la posibilidad de que México y Canadá cuenten con un socio negociador confiable con quien cerrar un acuerdo que garantice que América del Norte funcione como un motor coordinado de prosperidad económica democrática, sostenible y compartida. Esa vía podría abrir paso a la estabilidad significativa que la economía estadounidense necesita para cuidar a sus trabajadores y consumidores lo antes posible.

Un TMEC revitalizado y negociado con celeridad ofrecería a cualquier nueva administración no trumpista, independientemente del partido, un punto de partida sólido y un vehículo de alto impacto para definir un nuevo lugar de Estados Unidos en el mundo. Para lograrlo, un acuerdo actualizado debe ir acompañado de políticas industriales, arancelarias y de inversión entrante alineadas que refuercen una asociación robusta basada en intereses comunes, promuevan la prosperidad compartida en cada país y maximicen la capacidad de competir con China.


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