México en el espejo de la métrica educativa internacional

Los gobiernos de Morena, o de la llamada 4T, decidieron desde su llegada al poder en diciembre de 2018, anular, cancelar o desaparecer instituciones y todo vestigio de las métricas sobre el Sistema Educativo Nacional (SEN) generadas por organismos constitucionalmente autónomos. Tal fue el caso del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Asimismo, el país se retiró de estudios internacionales sobre el logro académico, como el LLECE —coordinado por la OREALC— y el estudio de competencias cívicas y ciudadanas de la IEA. Incluso, el gobierno de Claudia Sheinbaum eliminó la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (MEJOREDU), creada por su antecesor para sustituir parcialmente algunas de las funciones evaluativas al INEE.
No obstante, sobreviven los estudios de organismos internacionales a los que México pertenece, los cuales continúan proporcionando información relevante sobre el SEN. Entre ellos destacan los de la OCDE y la UNESCO. La primera publica evaluaciones como PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes), centrada en los aprendizajes que adquieren los alumnos de 15 años, y Education at a Glance (Panorama Educativo), que reúne indicadores sobre matrícula, financiamiento y resultados educativos. La segunda, mediante el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM Report), da cuenta del avance hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4.
Ambos organismos coinciden en señalar las profundas deficiencias del SEN: baja cobertura, infraestructura insuficiente, escasa inversión y pobres niveles de aprendizaje. Recientemente, el GEM Report 2026 evidenció que en México la proporción de alumnos de segundo y tercero de primaria con habilidades mínimas de lectura cayó de 67% a 63%, y que al finalizar la primaria menos de la mitad comprende lo que lee. Por ello, la UNESCO ubica al país en la categoría de sin progreso. Además, el abandono escolar alcanza cerca de 7% en secundaria y 26% en educación media superior. La conclusión es clara: el sistema no sólo está estancado, sino que sus estudiantes aprenden menos que antes.
Por su parte, la OCDE reporta en Education at a Glance que México ocupa el último lugar en gasto por estudiante, con alrededor de 2,933 dólares anuales, frente a un promedio de casi 11,902 dólares. Es decir, invierte cerca de cuatro veces menos. Aunque el gasto como proporción del PIB (entre 4.3% y 4.6%) no difiere drásticamente del promedio de la OCDE, la inversión por alumno es claramente insuficiente. Más aún, la proporción del gasto público destinada a educación ha disminuido, y las familias mexicanas cubren una mayor parte del costo educativo que en otros países. Esto explica por qué siete de cada diez escuelas carecen de internet y computadoras en nuestro país. Lejos de ser independientes, estos informes se complementan. Menor inversión implica menos formación docente, menos recursos pedagógicos, menor acceso a tecnología y grupos más numerosos. Todo ello repercute directamente en el aprendizaje, particularmente en la comprensión lectora, base de todo conocimiento. Esta situación afecta con mayor fuerza a los sectores más vulnerables, profundizando las brechas educativas y reproduciendo la desigualdad.
A este panorama se suma una reorientación del gasto público que ha privilegiado las becas universales por encima del financiamiento directo a las escuelas. Si bien estos apoyos buscan aliviar la carga económica de las familias, lo han hecho a costa de reducir recursos para infraestructura, materiales y programas focalizados que beneficiaban a los más desfavorecidos, como lo fue el programa de Escuelas de Tiempo Completo. Diversos análisis han documentado, además, que las becas universales no han tenido efectos significativos ni en la retención escolar ni en la mejora de los aprendizajes. Así, el punto no sólo es cuánto se gasta, sino en qué y con qué resultados.
México, visto en el espejo internacional, enfrenta un problema estructural que ya no puede seguir ignorando. Los resultados de PISA 2025, que se darán a conocer en diciembre próximo, exhibirán con claridad la magnitud de este rezago. Por fortuna, aún contamos con esta métrica educativa, que podría desaparecer en el futuro próximo si los resultados no son del agrado del gobierno en turno.
*Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C.
@EduardoBackhoff



