Estados Unidos y Cuba sostienen reunión secreta en México

El general de brigada Alejandro Castro Espín, el más alto mando operativo en Cuba de sus servicios de inteligencia, contrainteligencia y seguridad del Estado, sostuvo una reunión secreta en la Ciudad de México con funcionarios de alto nivel de la CIA y el departamento de Estado norteamericano, para hacerles saber la disposición de La Habana para negociar un "principio de acuerdo" que encauce una transición democrática de la isla caribeña, a cambio de una amnistía para los altos cargos del régimen castrista.
El encuentro habría ocurrido a mediados de la semana pasada sin que, por su clasificación de secreto, haya podido ser confirmado por fuentes oficiales de ninguno de los tres países, aunque tampoco desmentido hasta ahora.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó el viernes pasado que el gobierno de México sostiene gestiones diplomáticas con Estados Unidos para reanudar los envíos de petróleo a Cuba y mantener los de ayuda humanitaria sin que se apliquen las sanciones arancelarias con que amenazó su homólogo estadounidense Donald Trump a quienes lo hicieren.
Tal es el fin específico de esas gestiones diplomáticas, diferente, por cierto, al de la referida reunión secreta en la que —según una fuente de la inteligencia militar de nuestro país— habrían participado el embajador estadounidense Ronald Johnson y enviados de primer nivel de la CIA y del subsecretario de Estado y exembajador en México, Christopher Landau, ambos con largas trayectorias y gran influencia en los servicios de inteligencia y seguridad de su país.
La fuente consultada no pudo precisar el alcance de la amnistía solicitada por Cuba ni si se trataría de una "ley de punto final" o de un exilio pactado en otro país para los principales dirigentes del régimen castrista.
Lo que sí reveló con alto grado de certeza fue que los enviados cubanos no lograron que 133 millones de dólares depositados en un banco en México (cuyo presidente también habría estado en la reunión) fueran desbloqueados, recursos que son producto del contrato bilateral de servicios médicos y que el régimen castrista quería para comprar combustible y dar un respiro a su grave asfixia energética y financiera.
Que el negociador cubano sea Alejandro Castro Espín tiene mucho sentido. Él fue quien encabezó las negociaciones secretas en Ottawa, Canadá, del llamado "deshielo Obama-Raúl Castro" (presidentes entonces de sus respectivos países) que tuvieron lugar entre 2013 y 2014, y consiguieron la reanudación de relaciones diplomáticas, la reapertura de embajadas y la visita oficial a La Habana del entonces jefe de la Casa Blanca.
A ese reconocimiento como efectivo negociador debe sumársele su inobjetable influencia como general de brigada en las operaciones de inteligencia y contrainteligencia cubanas, pero también y, sobre todo, su pedigrí entre el núcleo duro de la casta gobernante del régimen pues es hijo del aún mandamás y todo poderoso Raúl Castro Ruz, de 95 años, y Vilma Espín, reconocida revolucionaria; así como sobrino de Fidel Castro Ruz, líder máximo de la revolución cubana, fallecido hace una década luego de gobernar durante 57 años.
El general de brigada Castro Espín ya estaría este fin de semana en La Habana en espera de una respuesta del inquilino de la Casa Blanca a su propuesta.
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