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El Mundial de la Gran Norteamérica

  • Por: STEPHANIE HENARO
  • 13 JUNIO 2026
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El Mundial de la Gran Norteamérica

Los mundiales siempre han sido algo más que futbol. Son ceremonias geopolíticas. Escenarios donde los Estados proyectan poder, exhiben alianzas y cuentan historias sobre sí mismos.

La Copa Mundial de 2026 no es la excepción.

Por primera vez en la historia, el torneo será organizado conjuntamente por México, Estados Unidos y Canadá. Más de cien partidos se disputarán a lo largo de un territorio que se extiende desde Guadalajara hasta Vancouver. Millones de personas observarán una región que, al menos en apariencia, se presenta como un espacio integrado, conectado y cooperativo.

Sin embargo, detrás de esa imagen existe una paradoja que pocos parecen advertir.

Apenas un día antes de la inauguración, Donald Trump volvió a colocar a México en el centro de su discurso de seguridad. Declaró que su administración ahora está concentrada en las drogas que ingresan a Estados Unidos por tierra. Al mismo tiempo, puso en duda la renovación del T-MEC y afirmó que Estados Unidos no necesita nada de México ni de Canadá, mientras que ambos países necesitan todo lo que Estados Unidos posee.

Las declaraciones no son menores. Durante décadas, la integración norteamericana se construyó sobre la interdependencia. El libre comercio creó cadenas productivas compartidas y una de las regiones económicas más dinámicas del planeta.

Pero esa lógica está cambiando.

La revisión del T-MEC ocurre en un contexto muy distinto al que vio nacer el tratado. El lenguaje dominante ya no es el de la eficiencia económica. Es el de la seguridad: energética, tecnológica, fronteriza, marítima y frente al crimen organizado.

Durante tres décadas Norteamérica se organizó buscando eficiencia. Hoy comienza a reorganizarse buscando seguridad.

En marzo pasado, Pete Hegseth dio nombre a ese espacio al referirse explícitamente a la Gran Norteamérica. Sin embargo, la idea es anterior al término. Durante años, la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional estadounidenses han mostrado una preocupación creciente por la resiliencia de las cadenas de suministro, la competencia entre grandes potencias, la seguridad energética y la protección del hemisferio frente a actores externos.

Vista desde esa perspectiva, la Gran Norteamérica no es una doctrina nueva. Es la expresión geográfica de una transformación estratégica más profunda. Una arquitectura continental en construcción que se extiende desde Groenlandia hasta Panamá y que busca reducir vulnerabilidades hemisféricas, contener la influencia de potencias extrarregionales y garantizar la estabilidad de un espacio considerado esencial para la seguridad y la prosperidad estadounidenses.

Bajo esa lógica, México comienza a ser observado de manera distinta.

Durante décadas fue visto principalmente como un socio comercial. Hoy es percibido cada vez más como una pieza crítica dentro de la seguridad continental norteamericana. Eso explica por qué asuntos que antes pertenecían exclusivamente al ámbito doméstico mexicano ahora aparecen vinculados en el discurso estadounidense con temas tan diversos como el narcotráfico, la migración, las cadenas de suministro, la energía o la seguridad fronteriza.

Por eso resulta significativo que, mientras millones de aficionados celebran el inicio del Mundial, Donald Trump haya decidido volver a hablar simultáneamente de drogas, frontera y T-MEC.

No son conversaciones independientes. Son manifestaciones distintas de una misma transformación estratégica.

La misma administración que cuestiona la continuidad del principal acuerdo comercial de Norteamérica es la que insiste en redefinir la región a partir de criterios de seguridad. 

La misma Casa Blanca que participa en la organización de un Mundial compartido es la que considera que la frontera sur constituye un asunto de interés nacional.

Por eso el partido inaugural tiene una carga simbólica que trasciende el deporte. Mientras el balón ruede sobre la cancha coexistirán dos narrativas. Una hablará de futbol, cooperación y celebración. La otra de fronteras, cadenas de suministro, narcotráfico, comercio y seguridad continental.

El verdadero partido que se juega esta semana no ocurre únicamente en los estadios.

Se juega sobre el mapa de Norteamérica.

El último en salir, apague la luz.


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