Columnas - Dra. Yirla Paola García López

“Cuando el calor también enferma la mente”

  • Por: DRA. YIRLA PAOLA GARCÍA LÓPEZ
  • 29 MAYO 2026
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“Cuando el calor también enferma la mente”

En ciudades como Reynosa, donde las altas temperaturas forman parte de la vida cotidiana durante gran parte del año, solemos relacionar el calor únicamente con agotamiento físico, deshidratación o golpes de calor. Sin embargo, existe un aspecto del que se habla mucho menos y que cada vez resulta más evidente tanto en la práctica médica como en la vida diaria: el calor también afecta la salud mental. 

Con la llegada de las temporadas más intensas de calor, no solo aumentan las consultas por problemas físicos; también es frecuente observar más irritabilidad, alteraciones del sueño, ansiedad, cansancio emocional y una sensación generalizada de agotamiento. Muchas personas refieren sentirse “más desesperadas”, con menor paciencia o emocionalmente sobrecargadas cuando las temperaturas son extremas. Aunque pudiera parecer una percepción subjetiva, la ciencia ha demostrado que existe una relación importante entre el calor ambiental y el funcionamiento cerebral y emocional. 

El cuerpo humano trabaja constantemente para mantener una temperatura interna estable. Cuando el ambiente es excesivamente cálido, el organismo realiza un esfuerzo adicional para regularse, lo que genera desgaste físico y mental. Uno de los primeros efectos ocurre sobre el sistema nervioso. Las altas temperaturas pueden alterar la calidad del sueño, aumentar la fatiga y disminuir la capacidad de concentración. 

Dormir mal durante varios días consecutivos tiene consecuencias directas en el estado de ánimo: mayor irritabilidad, menor tolerancia a la frustración y dificultad para manejar el estrés cotidiano. En consulta médica, especialmente durante temporadas de calor intenso, es común escuchar frases como “me siento agotado todo el tiempo”, “ando de mal humor” o “siento que todo me desespera”. 

Estas manifestaciones no deben minimizarse. El cerebro también resiente el estrés térmico. Además, el calor favorece la deshidratación, incluso en grados leves. Y aunque muchas personas no lo perciben, la falta de hidratación adecuada afecta funciones cognitivas como la memoria, la atención y el rendimiento mental. También puede generar sensación de ansiedad, dolor de cabeza y fatiga persistente. Otro factor importante es el impacto hormonal y fisiológico del calor sobre el estrés. 

Las temperaturas elevadas incrementan el esfuerzo cardiovascular y pueden elevar los niveles de cortisol, la hormona relacionada con la respuesta al estrés. Cuando esto se combina con jornadas laborales largas, tráfico, mala calidad del sueño y exposición constante al sol, el resultado suele ser una mayor sobrecarga emocional. 

Diversos estudios también han encontrado una asociación entre temperaturas extremas y aumento en conductas agresivas, conflictos interpersonales e incluso crisis emocionales en personas vulnerables. Aunque el calor no “provoca” directamente trastornos mentales, sí puede actuar como un factor que intensifica síntomas preexistentes de ansiedad, depresión o agotamiento emocional. 

Particularmente vulnerables son los adultos mayores, niños, personas con enfermedades crónicas y quienes trabajan expuestos al calor durante varias horas al día. En estos grupos, el agotamiento físico suele acompañarse de mayor desgaste emocional y disminución del bienestar general. 

En una ciudad como Reynosa, donde las temperaturas pueden superar fácilmente los 40 grados, resulta fundamental entender que el cuidado durante la temporada de calor no debe limitarse únicamente a evitar golpes de calor. La salud mental también necesita protección. Algunas medidas simples pueden marcar una diferencia importante. Mantener una hidratación constante, incluso sin sensación de sed, ayuda al funcionamiento adecuado del cerebro y del organismo. 

Procurar espacios ventilados, disminuir exposición solar en horarios críticos y mantener horarios de sueño regulares también favorece el equilibrio emocional. Asimismo, es importante reconocer cuándo el cansancio deja de ser solamente físico. 

Si existe irritabilidad constante, agotamiento emocional, ansiedad persistente o dificultad para realizar actividades habituales, es recomendable buscar apoyo y no normalizar el malestar. El calor también modifica nuestras dinámicas sociales. 

Las altas temperaturas pueden incrementar la sensación de incomodidad y reducir la tolerancia en la convivencia diaria. Esto explica por qué durante estas temporadas muchas personas se sienten más tensas o emocionalmente saturadas. 

Como médica, considero importante hablar de este tema porque durante mucho tiempo se ha separado la salud física de la emocional, cuando en realidad ambas están profundamente conectadas. 

El cuerpo y la mente no funcionan por separado. Un organismo agotado por el calor inevitablemente repercute en nuestras emociones y en nuestra manera de relacionarnos con los demás. 

También debemos aprender a escuchar las señales del cuerpo sin caer en la autoexigencia constante. Vivimos en una cultura que glorifica la productividad incluso en condiciones extremas, ignorando que el calor intenso representa un verdadero factor de estrés biológico.

Reflexión final: 

A veces creemos que el calor solo se siente en la piel, cuando en realidad también pesa sobre la mente. La irritabilidad, el agotamiento y la ansiedad que aparecen en temporadas de altas temperaturas no siempre son falta de carácter o paciencia; muchas veces son la respuesta de un cuerpo y un cerebro sobrecargados. Quizá cuidar nuestra salud este verano también implique aprender a bajar el ritmo, descansar sin culpa y entender que, incluso emocionalmente, el calor también enferma.


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