Cooperación o subordinación, un dilema tramposo

La Presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que salir una y otra vez a precisar que todas las acciones conjuntas con Estados Unidos de combate a grupos y personas de la delincuencia organizada responden a una coordinación entre gobiernos de ambos lados de la frontera y no subordinación.
Pero en la lógica y el cálculo político se ha querido encuadrar un tramposo dilema que, incluso, fue exacerbado en la administración López Obrador, cuando la cooperación binacional se rompió -incluso con la imposición de un marco legal- que buscó expulsar a agentes de la DEA y, prácticamente, colocar en el nivel de traición a la Patria a todo aquel que colaborara con Estados Unidos.
Es un dilema tramposo porque ya desde hace más de dos décadas, el fenómeno de la delincuencia organizada ha sido analizado y clasificado en diversos foros internacionales como un problema multinacional, precisamente porque la operación de esos grupos alcanza a diversas naciones.
En el caso mexicano, uno de los mayores impactos se da -justo- en las áreas fronterizas al ser los puntos de cruce de todo tipo de actividades ilícitas.
El tráfico ha sido no sólo de narcóticos, sino de armas, dinero, combustibles, mercancías de consumo y el tráfico de personas, éste último que antes de la embestida del Presidente Trump llegó a significar un negocio de miles de millones de dólares.
La cooperación binacional fronteriza ha dado resultados.
El gobierno de Cohuila retomó en diciembre de 2025 una estrategia que se llevó a cabo en Tamaulipas bajo el nombre de “Campaña de Seguridad y Prosperidad.
Se busca” que implicó el fomento a la denuncia anónima para localizar a objetivos prioritarios de alto nivel que operaban en ambos lados de la frontera tamaulipeca y texana.
Pero en especial, el intercambio de información de inteligencia y seguimiento de los objetivos.
En Estados Unidos se articuló la denominada Fuerza de Tarea Conjunta Oeste -muy similar a la fuerza de tarea Norte recientemente dada a conocer-, en la que participaban 7 agencias estadunidenses entre ellas el FBI, la DEA y la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza.
Del lado mexicano, estaban las instituciones de seguridad de Tamaulipas, particularmente la Secretaría de Seguridad Pública, las áreas de inteligencia y sus fuerzas especiales que contaban con dos drones.
En cuatro años fueron localizados, detenidos o neutrailizados 10 de 20 objetivos que estaban considerados en las campañas de Seguridad y Prosperidad presentadas en 2018 y 2019 en Reynosa/Hidalgo y Nuevo Laredo/Laredo.
La visión binacional de las campañas era inhibir y contener a los grupos de la zona fronteriza -que estaban en permanente disputa por el control territorial y la amplia gama de negocios ilícitos- , lo cual tuvo resultados al abatir los índices delictivos tras la detención o neutralización de varios líderes.
La Campaña implicó, además, ampliar la presencia policial del lado tamaulipeco, con estaciones seguras en las carreteras, incrementar el número de efectivos policiales y fortalecer con presupuestos a las instituciones de seguridad, incluso estableciendo que nunca debían tener recursos presupuestarios inferiores al ejercicio en curso.
La coordinación binacional y multinacional es clave, más cuando trasciende del ámbito táctico/operativo e incursiona en los recovecos financieros.
No es subordinación, de ninguna manera, es entender que la cooperación binacional es necesaria, sin que ello represente dar un ápice de soberania.
Los resultados están a la vista.



