En septiembre de 2023, una publicación de la revista Science cayó como una bomba en México. Rigurosos análisis cifraban en 175.000 las personas que trabajaban voluntaria o involuntariamente para el narcotráfico, lo que situaba a las organizaciones criminales, y aquí venía el doloroso dato, como el quinto empleador del país. Solo la embotelladora de Coca-cola y tres multinacionales más lo superaban. Han pasado casi dos años de aquello y cabe pensar que tan abultadas cifras se mantendrán prácticamente igual, pero puede añadirse que el narco no solo es uno de los grandes grupos empresariales, sino de los más emprendedores, audaces y diversificados. Bien dicen en México que el crimen organizado es lo único organizado que hay en el país. A sus negocios clásicos, que son innombrables en todos los sentidos, han sumado en estos tiempos la minería y de algunas de las canteras de mercurio en el Estado de Querétaro parte un contrabando que llega hasta las minas de oro de varios países de Sudamérica, como Bolivia, Perú o